Por Purificación León
EI dolor puede variar muchísimo de una persona a otra pues, con la misma en-fermedad o lesiones similares, algunas sufren enormemente y otras lo consideran algo llevadero y manejable. La escala numé-rica del dolor lo cuantifica del o al 10, según la percepción del paciente sobre su intensidad. También existen escalones para el trata-miento del dolor, lo que se conoce como la escalera analgésica. En el primero de ellos es-tán los analgésicos menores, como los antiin-flamatorios y el paracetamol, indicados para el dolor leve o moderado. Según explican los especialistas de la Clínica Universidad de Na-varra, estos fármacos no producen resistencia ni adicción. “Más dosis no aumenta la analge-sia y sí los efectos secundarios”, advierten.
Si con los fármacos del primer escalón no se ha conseguido aliviar el dolor, se puede su bir al segundo. Aquí se encuentran los opioi-des débiles, como la codeína o el tramadol. Los expertos del Área del Dolor de la Clínica Universidad de Navarra indican que la co-deína es un derivado de la morfina, pero con menor potencia analgésica que ella y está in-dicada para el dolor leve o moderado. No pro-duce dependencia, pero puede tener efectos secundarios como náuseas, vómitos, mareo y estreñimiento. Por su parte, el tramadol sirve para paliar dolores de intensidad moderada y actúa sobre el sistema nervioso central. La Agencia Española de Medicamentos y Pro-ductos Sanitarios (AEMPS) detalla que este fármaco “alivia el dolor actuando sobre célu-las nerviosas específicas de la médula espinal y del cerebro”.
En el tercer escalón se encuentran los opiá-ceos mayores, como la morfina. En este nivel también están el fen-tanilo y otros medica-mentos. La morfina es de origen natural y el fentanilo, sintético. Se suelen aplicar a pa-cientes con dolor de intensidad alta o bien si el dolor no cede tras
utilizar los fármacos del segundo escalón. Estos fármacos se caracterizan por no tener techo analgésico, es decir, su grado de anal-gesia podría crecer casi ilimitadamente con la dosis, de no ser por sus efectos adversos. Algunos de estos efectos adversos pueden llegar a ser graves, como los cambios en el ritmo cardiaco.
TRES CONCEPTOS
Además, en tratamientos largos con estos medicamentos hay que tener presentes tres conceptos: dependencia física, tolerancia y adicción. La dependencia se refiere al sín-drome de abstinencia que puede aparecer al dejar de tomarlos. La tolerancia implica que, con el tiempo, se necesitará una dosis mayor para obtener el mismo efecto. Por último, pueden generar adicción.
Existe un cuarto escalón que incluye proce-dimientos como las infiltraciones; la iontofo-resis (una técnica que emplea corriente eléc-trica débil para introducir medicamentos a través de la piel); aparatos implantados como los estimuladores epidurales o sistemas de infusión de fármacos en zonas próximas a la médula, entre otros. “Cuando todo esto no resulta, algunas intervenciones neuroquirúr-gicas disminuyen la sensibilidad nerviosa”, apuntan desde el Área del Dolor de la Clínica Universidad de Navarra.
Estos especialistas aclaran que existen va-rios tipos de dolor: el somático, el visceral y el neuropático. El dolor somático está “causado por la activación de los receptores del dolor en la piel, tejido subcutáneo, músculo y hueso. Es un dolor bien localizado y se describe como agudo”, detallan. El do-lor visceral, por su parte, lo provoca “la distensión de las capas que rodean un órgano visceral. Es un dolor tipo cólico y aumenta con la palpación”, subrayan. Por último, el dolor neuropático “está causado por una lesión en el sistema nervioso. Suele ser como de quemazón, ardor, punzante o lacerante”, describen.
“El dolor neuropático es un tipo de dolor, generalmente crónico, que se produce por un daño o lesión del siste-ma nervioso periférico o central, que hace que se interpreten como dolorosos estímulos normales”, explica Alan Luis Juárez Belaúnde, especialista en dolor neuropático y miembro de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Un dolor se considera crónico cuando dura más de tres meses. “Lo que diferen-cia este dolor de otros dolores crónicos es su fuerte intensidad, la repercusión que tiene en la calidad de vida de los pa-cientes, y la dificultad de su tratamien-to”, expresa el neurólogo.
“El dolor neuropático tiene una inten-sidad superior al de otros tipos de dolor y, en el 60% de los casos, se localiza en una parte concreta del cuerpo, por ejem-plo, un brazo o una pierna, aunque en muchos casos también puede afectar a varias zonas”, comenta el doctor Juárez Belaúnde.
“Pero a pesar de que afecta significati-vamente a la calidad de vida de las per-sonas que lo sufren, y así lo afirman casi
la totalidad de los pacientes, y que suele estar asociado a otras patologías, como trastornos del sueño, fatiga, ansiedad y depresión, es un dolor generalmente subdiagnosticado y, por tanto, no trata-do adecuadamente”, destaca.
“Una evaluación correcta de cada pa-ciente y un diagnóstico adecuado son fundamentales para intentar mejorar el manejo del dolor neuropático. Iden-tificar correctamente este tipo de dolor puede no resultar sencillo, ya que es muy común que coexista con otros tipos de dolor, pero es necesario mejorar el diagnóstico tanto del dolor neuropático en sí, como de las comorbilidades que suelen estar presentes en los pacientes con dolor crónico para que, tratados de manera temprana e integral, se pueda mejorar su calidad de vida”, subraya









