La relación entre Canadá y Estados Uni-dos atraviesa uno de sus momentos más difíciles de las últimas décadas. Aranceles, amenazas y negociaciones com-plicadas han creado una incertidumbre que termina afectando a empresas, trabajadores y familias de ambos lados de la frontera.
Ante esta realidad, Canadá tiene que de-fender sus intereses.
Proteger nuestros empleos, nuestras industrias y nuestra soberanía económica no es una cuestión de orgullo nacional. Es responsabilidad de cualquier gobierno, y el primer ministro Mark Carney debe mantener una posición firme cuando las decisiones de Washington puedan perjudicar injustamen-te a nuestro país.
Pero firmeza no significa confrontación permanente. Estados Unidos seguirá siendo nuestro vecino y principal socio comercial. Nuestras economías están profundamente conectadas y sectores como el automotriz, energético, agrícola y manufacturero depen-den de cadenas de producción construidas. durante décadas.
Por eso, incluso en los momentos de ma-yor desacuerdo, Canadá debe mantener abiertos los canales de negociación. Respon-der cuando sea necesario, sí. Defender nues-tras empresas y trabajadores, por supuesto. Pero convertir cada diferencia comercial en una batalla política terminaría perjudicando precisamente a quienes queremos proteger.
Esta situación también debería dejarnos una enseñanza. Canadá no puede depender excesivamente de las decisiones tomadas en Washington. Tenemos que fortalecer nuestra industria, eliminar obstáculos al comercio entre nuestras provincias, apoyar los produc-tos canadienses y abrir nuevos mercados in-ternacionales.
Diversificar nuestra economía no significa darle la espalda a Estados Unidos. Significa llegar a futuras negociaciones desde una po-sición más fuerte.
Las guerras comerciales rara vez tienen verdaderos ganadores. Al final, los costos suelen llegar a las empresas y a los consumi-dores.
Canadá debe estar dispuesto a negociar, pero negociar no significa aceptar cualquier acuerdo.
Entre la sumisión y la confrontación existe un camino mucho más inteligente: firmeza sin arrogancia, diálogo sin debilidad y coope ración sin renunciar a nuestros intereses.
Ese es el equilibrio que Canadá necesita hoy.
Defender a Canadá sin cerrar la puerta al diálogo
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