La amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de duplicar los aranceles sobre los vehículos fabricados en Canadá podría tener consecuencias particularmente severas para Toyota y Honda, dos compañías japonesas que se han convertido en pilares fundamentales de la industria automotriz canadiense.
Washington propone aumentar del actual 25% al 50% los aranceles sobre automóviles importados desde Canadá a partir del 1 de enero de 2027, si antes no se alcanza un nuevo acuerdo comercial. Aunque la medida está dirigida políticamente contra Ottawa, analistas advierten que Toyota y Honda podrían encontrarse entre las compañías más perjudicadas.
Las dos automotrices producen conjuntamente más de tres cuartas partes de todos los vehículos fabricados en Canadá. Toyota mantiene importantes operaciones en Cambridge y Woodstock, Ontario, mientras Honda posee su complejo de manufactura en Alliston.
La dependencia del mercado estadounidense es considerable. Según analistas de Barclays citados por Reuters, los vehículos fabricados en Canadá representaron el año pasado casi una cuarta parte de las ventas estadounidenses de Honda y aproximadamente 17% de las ventas de Toyota en ese país.
Entre los vehículos afectados se encuentran dos de los SUV más populares de Norteamérica: el Toyota RAV4 y el Honda CR-V, ambos producidos en Canadá y exportados en grandes cantidades hacia Estados Unidos.
El problema para las compañías es que absorber un arancel de 50% tendría un costo extraordinariamente elevado, mientras trasladarlo completamente al precio final podría reducir significativamente la competitividad de los vehículos entre los consumidores estadounidenses.
Analistas consideran incluso que, si las tarifas entran en vigor tal como están propuestas, Toyota y Honda podrían verse obligadas a cerrar temporalmente algunas líneas de producción canadienses o reorganizar profundamente sus operaciones.
El impacto potencial se extiende mucho más allá de las dos compañías. La industria automotriz canadiense produce alrededor de 1.2 millones de vehículos anuales y sostiene directa e indirectamente aproximadamente 427,000 empleos, principalmente en Ontario y dentro de una extensa red de fabricantes de autopartes, transportistas y proveedores.
Durante décadas, Canadá, Estados Unidos y México desarrollaron una industria automotriz profundamente integrada, en la cual vehículos y componentes pueden cruzar la frontera varias veces antes de que un automóvil terminado llegue al consumidor. Los nuevos aranceles están poniendo a prueba precisamente ese modelo de producción norteamericano.
Toyota ya está aumentando su presencia estadounidense. La compañía anunció inversiones de hasta US$10 mil millones durante cinco años para ampliar sus operaciones en Estados Unidos, incluido un nuevo complejo de US$3.6 mil millones en Texas. El fabricante ya enfrentó aproximadamente US$8.8 mil millones en costos relacionados con aranceles durante su último año financiero.
Honda también está revisando sus futuras inversiones. Un alto ejecutivo de la compañía advirtió recientemente que podría reconsiderar la construcción de una octava planta de ensamblaje en Norteamérica si no existe mayor certeza sobre el futuro del acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México.
Otra alternativa sería desviar los vehículos fabricados en Canadá hacia otros mercados y reemplazar la producción destinada a Estados Unidos desde fábricas ubicadas en otros países. Sin embargo, analistas advierten que ese proceso sería complicado y costoso, ya que muchas plantas operan cerca de su capacidad y los vehículos estadounidenses requieren especificaciones particulares.
Por ahora, la industria permanece a la espera de las negociaciones entre Ottawa y Washington. Si no se alcanza un acuerdo antes de enero, una medida destinada a ejercer presión sobre Canadá podría terminar golpeando directamente a dos de los mayores fabricantes japoneses del mundo y poniendo nuevamente en riesgo miles de empleos automotrices en Ontario.









