México y Estados Unidos están acelerando las negociaciones para alcanzar un acuerdo comercial bilateral antes de las elecciones de medio término estadounidenses del 3 de noviembre, una carrera que ha cobrado mayor urgencia después del colapso de las conversaciones comerciales entre Washington y Canadá.
Según Reuters, funcionarios de ambos países buscan un acuerdo provisional que permita a México obtener alivio de algunos aranceles estadounidenses a cambio de responder a exigencias de Washington relacionadas con el contenido de los automóviles fabricados en México y con la inversión china en sectores estratégicos. No existe una fecha límite formal, pero fuentes cercanas a las conversaciones aseguran que ambas partes quieren cerrar un acuerdo antes de las elecciones.
Para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, alcanzar un entendimiento se ha convertido en una prioridad económica. México envía más del 80% de sus exportaciones a Estados Unidos, por lo que cualquier modificación importante de las condiciones comerciales puede afectar directamente el crecimiento, el empleo y la confianza de los inversionistas.
La administración mexicana ha optado hasta ahora por una estrategia menos confrontacional que la de Canadá. Mientras Ottawa respondió con contraaranceles después de que sus conversaciones con Washington fracasaran en agosto, funcionarios mexicanos han intentado mantener abiertas las negociaciones y evitar represalias directas. Reuters señala que el deterioro de la relación entre Canadá y Estados Unidos ha servido como advertencia para México sobre los riesgos de una confrontación abierta.
Uno de los principales obstáculos continúa siendo los aranceles estadounidenses bajo la Sección 232. Actualmente, el acero mexicano y canadiense enfrenta tarifas de 50%, mientras los vehículos están sujetos a un arancel de 25%. Esto coloca a los fabricantes norteamericanos en una posición desfavorable frente a países como Japón, Corea del Sur y miembros de la Unión Europea, que han negociado tasas de aproximadamente 15%, y Reino Unido, que obtuvo un gravamen de 10%.
Fuentes de la industria automotriz consideran que Washington podría ofrecer a México una estructura similar a la que estuvo discutiendo con Canadá antes del fracaso de aquellas negociaciones: una tarifa de aproximadamente 15% para los vehículos, con reducciones adicionales dependiendo del porcentaje de componentes estadounidenses utilizados. En algunos casos, la tarifa efectiva podría acercarse al 7%. A cambio, Washington busca incrementar la participación estadounidense en motores, electrónica, software y otros componentes utilizados en vehículos fabricados en México.
Otro punto importante es China. El gobierno de Sheinbaum propuso recientemente nuevas facultades para revisar y eventualmente bloquear adquisiciones extranjeras de compañías mexicanas. La medida es interpretada como una respuesta parcial a las exigencias estadounidenses de limitar la presencia china dentro de las cadenas de suministro norteamericanas.
El futuro del CUSMA/USMCA añade todavía más incertidumbre. Estados Unidos decidió el pasado 1 de julio no extender automáticamente el acuerdo trilateral por otros 16 años. El tratado continúa vigente, pero ahora queda sujeto a revisiones anuales mientras Washington busca nuevas concesiones de sus dos socios.
Canadá y México han afirmado públicamente que desean preservar el acuerdo trilateral. De hecho, Mark Carney y Claudia Sheinbaum reiteraron en agosto la importancia de renovar el CUSMA para ofrecer estabilidad a trabajadores y empresas norteamericanas. Sin embargo, funcionarios mexicanos citados por Reuters reconocen en privado que México no está dispuesto a sacrificar sus propios intereses para conseguir un acuerdo que también incluya a Canadá.
Para Ottawa, un acuerdo separado entre México y Washington representaría un nuevo desafío. Además de ofrecer a México ventajas arancelarias que los productores canadienses podrían no recibir, podría permitir a la administración Trump presentar el fracaso de las conversaciones con Canadá como responsabilidad de Ottawa.
La posibilidad de acuerdos separados plantea así una pregunta mucho mayor sobre el futuro económico del continente: si el CUSMA continuará funcionando como un verdadero tratado entre tres países o si Estados Unidos terminará administrando su relación comercial con Canadá y México mediante acuerdos bilaterales diferentes.









