Anthony Scaramucci, exdirector de comunicaciones de la Casa Blanca y antiguo asesor de Donald Trump, considera que el presidente estadounidense terminará reduciendo, aplazando o retirando su más reciente amenaza de imponer aranceles de 50 por ciento sobre una amplia variedad de productos canadienses.
Scaramucci utilizó para describir su predicción una expresión que se ha vuelto popular en los mercados financieros: “TACO”, acrónimo en inglés de “Trump Always Chickens Out”, utilizado por inversionistas y analistas para referirse a la percepción de que Trump suele anunciar medidas comerciales muy agresivas para posteriormente moderarlas o aplazarlas durante las negociaciones.
La nueva amenaza estadounidense afecta cerca de US$20,000 millones en importaciones procedentes de Canadá y está programada para entrar en vigor el 19 de agosto. Los productos alcanzados incluyen artículos como vino, cemento, determinados productos lácteos, muebles, prendas de vestir, equipos deportivos y otros bienes de consumo.
La administración Trump sostiene que las medidas responden a prácticas que considera discriminatorias contra productos estadounidenses, entre ellas el sistema canadiense de gestión de suministro para los lácteos, restricciones relacionadas con automóviles y la decisión de varias provincias de retirar bebidas alcohólicas estadounidenses de sus tiendas como represalia por anteriores aranceles de Washington.
Scaramucci considera, sin embargo, que el costo económico y político de mantener tarifas tan elevadas podría terminar llevando nuevamente a Trump hacia una solución negociada.
La expresión “TACO” surgió en Wall Street en 2025 después de que los mercados observaran varios episodios en los que fuertes amenazas arancelarias de Trump fueron posteriormente retrasadas, reducidas o modificadas. Incluso se desarrolló lo que algunos inversionistas denominaron el “TACO trade”: comprar activos después de que una amenaza comercial provoca caídas en los mercados, apostando a una posterior recuperación si Washington modera la medida.
Trump ha rechazado públicamente esa caracterización y sostiene que los cambios en fechas o tarifas forman parte de su estrategia de negociación.
Actualmente, Canadá y Estados Unidos mantienen conversaciones para intentar evitar que los nuevos aranceles entren en vigor.
Según información conocida sobre las negociaciones, Ottawa estaría considerando varias concesiones, incluyendo eliminar determinados aranceles sobre automóviles estadounidenses, buscar un entendimiento sobre la distribución de cuotas de productos lácteos y facilitar el regreso de bebidas alcohólicas estadounidenses a las tiendas provinciales.
A cambio, Washington podría reducir algunos de los aranceles existentes sobre productos canadienses, incluidos los que afectan al acero y al aluminio. Sin embargo, las conversaciones continúan y no existe garantía de que ambos gobiernos logren un acuerdo antes del 19 de agosto.
Uno de los obstáculos es que Ottawa no controla directamente la venta de alcohol. Esa decisión corresponde a los gobiernos provinciales, algunos de los cuales retiraron productos estadounidenses de sus establecimientos como respuesta a la disputa comercial.
Las nuevas tarifas también serían significativas porque, a diferencia de algunas medidas anteriores, están diseñadas para aplicarse incluso a determinados productos que cumplen con las reglas del acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México, CUSMA. Energía, potasa, minerales críticos y otros productos específicos quedaron excluidos de las nuevas tarifas.
Para Canadá, la incertidumbre continúa afectando decisiones de inversión, producción y contratación en industrias altamente integradas con Estados Unidos.
La predicción de Scaramucci añade una nueva perspectiva al debate: la pregunta no es únicamente si Trump está dispuesto a imponer los aranceles, sino cuánto tiempo estaría dispuesto a mantenerlos si comienzan a aumentar los precios, afectar empresas estadounidenses o provocar inestabilidad en los mercados.
Por ahora, la fecha clave continúa siendo el 19 de agosto. Hasta entonces, gobiernos, empresas e inversionistas estarán observando si la amenaza se convierte finalmente en política comercial o si, como anticipa Scaramucci, aparece nuevamente el llamado efecto “TACO”.







