El primer ministro Mark Carney respondió a nuevas críticas del presidente estadounidense Donald Trump, quien calificó a Canadá de “desagradable” y acusó al país de haber perjudicado durante años a Estados Unidos mediante aranceles y otras barreras comerciales.
Consultado sobre las declaraciones, Carney evitó entrar en una confrontación personal y señaló que, independientemente del adjetivo utilizado por Trump, su gobierno continuará defendiendo a los trabajadores y empresas canadienses.
“Cualquiera que sea el adjetivo utilizado, sí, estamos defendiendo a los trabajadores canadienses y a las empresas canadienses, como lo hemos hecho desde el principio”, afirmó Carney durante una visita a Saguenay, Quebec.
Las declaraciones de Trump se produjeron durante una aparición pública en Las Vegas, donde volvió a presentar los aranceles como una herramienta para recuperar empleos, inversiones y producción industrial para Estados Unidos.
El presidente sostuvo que Washington había sido perjudicado históricamente por sus principales socios comerciales y mencionó específicamente a Canadá entre los países que, según él, aplicaron tarifas excesivas a productos estadounidenses.
Trump ha cuestionado en reiteradas ocasiones el sistema canadiense de gestión de suministro para productos agrícolas como lácteos, aves y huevos, donde determinados productos que superan las cuotas establecidas pueden enfrentar aranceles elevados. Sin embargo, la mayor parte del comercio entre Canadá y Estados Unidos continúa realizándose bajo las reglas del acuerdo CUSMA.
Las tensiones se producen mientras ambos gobiernos intentan redefinir su relación comercial y se preparan para nuevas negociaciones sobre el acuerdo entre Canadá, Estados Unidos y México.
Carney ha insistido en que Ottawa busca un acuerdo amplio y duradero y no una solución parcial que deje sectores importantes expuestos a futuras medidas comerciales.
Su gobierno también ha señalado que está dispuesto a considerar represalias si Washington mantiene o amplía sus tarifas sobre productos canadienses. En julio, Carney afirmó que Canadá haría lo necesario para defender sus intereses económicos, aunque continuaría priorizando una solución negociada.
Las relaciones entre ambos países se han deteriorado desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Además de los aranceles, el mandatario estadounidense ha hecho declaraciones provocadoras sobre la posibilidad de que Canadá se convierta en el estado número 51, comentarios rechazados repetidamente por el gobierno canadiense.
Carney ha respondido reforzando una estrategia de diversificación comercial destinada a reducir la dependencia canadiense del mercado estadounidense. Ottawa busca aumentar las exportaciones hacia Europa, Asia y Medio Oriente y atraer inversiones en energía, minerales críticos, manufactura y tecnología.
Estados Unidos continúa siendo, sin embargo, el principal socio comercial de Canadá, por lo que cualquier escalada arancelaria tiene consecuencias directas para industrias como la automotriz, el acero, el aluminio, la madera y la agricultura.
Para las empresas canadienses, la incertidumbre dificulta decisiones sobre contratación, inversión y producción. Para los consumidores, una guerra comercial prolongada también puede traducirse en precios más altos y menor crecimiento económico.
Carney dejó claro que no pretende responder a cada comentario personal de Trump. Su mensaje se mantiene centrado en la negociación y en la protección de los intereses económicos nacionales.
La próxima etapa de las conversaciones comerciales determinará si las tensiones continúan escalando o si ambos gobiernos logran encontrar un nuevo equilibrio en una relación económica que sigue siendo una de las más importantes del mundo.







