La rápida expansión de fabricantes chinos de vehículos eléctricos en Australia está ofreciendo una posible imagen de lo que podría ocurrir en Canadá durante los próximos años, después de que Ottawa redujera las barreras a una entrada limitada de automóviles eléctricos fabricados en China.
Australia se ha convertido en uno de los mercados occidentales donde marcas como BYD, Chery, GWM, Geely y Zeekr han crecido con mayor rapidez. En julio, los vehículos fabricados en China representaron aproximadamente 35.5% de todas las ventas de automóviles nuevos en el país, más de uno de cada tres vehículos vendidos.
BYD es el ejemplo más visible. La compañía vendió 7,857 vehículos en Australia durante julio y acumulaba más de 60,000 unidades en los primeros siete meses de 2026, convirtiéndose en la segunda marca más vendida del país detrás de Toyota. Su participación de mercado alcanzó aproximadamente 8.1% en lo que iba del año.
La transformación ha sido especialmente rápida en el segmento eléctrico. Los vehículos totalmente eléctricos alcanzaron 21.7% del mercado australiano en julio, después de superar 20% en mayo y llegar a 23.3% en junio.
Los fabricantes chinos han aprovechado precios competitivos, una amplia variedad de modelos y avances rápidos en baterías, software y equipamiento. Ese crecimiento está desplazando ventas de marcas tradicionales: durante la primera mitad de 2026, BYD más que duplicó sus ventas mientras Toyota, Nissan y otras compañías registraron retrocesos significativos.
Para Canadá, la experiencia australiana resulta especialmente relevante porque Ottawa modificó este año su política hacia los vehículos eléctricos chinos.
Desde el 1 de marzo de 2026, Canadá eliminó el arancel adicional de 100% aplicado anteriormente a estos vehículos y creó una cuota inicial de 49,000 unidades por año, que pueden ingresar pagando el arancel normal de 6.1%. Esa cuota aumentará 6.5% anualmente.
El acuerdo también busca favorecer modelos de menor precio. A partir del segundo año, una parte creciente de la cuota deberá reservarse para vehículos con un valor de importación de $35,000 o menos, hasta representar 50% del total en 2030.
Ottawa sostiene que la entrada controlada de estos vehículos podría ofrecer opciones más asequibles a los consumidores y, al mismo tiempo, incentivar inversiones conjuntas de fabricantes chinos dentro de Canadá. El gobierno ha dicho que espera que esa apertura contribuya a desarrollar una cadena canadiense de suministro de vehículos eléctricos y proteger empleos manufactureros.
Pero la situación canadiense será distinta de la australiana.
La cuota de 49,000 vehículos representa solamente una pequeña fracción del mercado canadiense y limita la velocidad con que las marcas chinas podrían expandirse. Además, cualquier vehículo importado deberá cumplir las normas canadienses de seguridad y certificación.
También existe preocupación dentro de la industria automotriz norteamericana. Fabricantes y sindicatos han advertido que compañías chinas, respaldadas por enormes economías de escala y una cadena de suministro integrada, podrían ejercer una fuerte presión sobre productores establecidos en Ontario y otras regiones.
Al mismo tiempo, la competencia podría beneficiar directamente a los compradores.
Australia demuestra que cuando numerosas marcas entran simultáneamente al mercado, los fabricantes compiten no solamente en precio, sino también en autonomía, tecnología, garantías y equipamiento. Esa presión ya está transformando mercados en Europa y otros países, donde los automóviles chinos continúan ganando participación.
China, además, está aumentando rápidamente sus exportaciones automotrices. En agosto, las exportaciones chinas de vehículos de pasajeros crecieron 77.5% frente al año anterior, mientras las exportaciones de eléctricos y vehículos híbridos enchufables aumentaron más de 150%.
La experiencia australiana no significa necesariamente que Canadá seguirá exactamente el mismo camino. Pero sí muestra el potencial disruptivo de fabricantes capaces de ofrecer vehículos eléctricos competitivos a precios que muchas marcas tradicionales todavía tienen dificultades para igualar.
Para los consumidores canadienses, eso podría traducirse en más opciones y vehículos eléctricos más asequibles. Para la industria automotriz nacional, en cambio, significará una nueva competencia que podría obligar a fabricantes establecidos a reducir precios, acelerar innovación y reconsiderar qué modelos producen en Canadá.











