TORONTO — Canadá conmemoró este miércoles 30 de septiembre el National Day for Truth and Reconciliation, una jornada dedicada a recordar a los niños indígenas que fueron separados de sus familias y enviados a escuelas residenciales, así como a honrar a los sobrevivientes, sus familias y las comunidades que todavía viven con las consecuencias de ese sistema.
Durante más de 150 años, el gobierno canadiense y distintas iglesias cristianas desarrollaron y administraron una red de escuelas residenciales cuyo objetivo era asimilar a niños de First Nations, Inuit y Métis a la sociedad eurocanadiense. Más de 150,000 niños indígenas pasaron por estas instituciones, muchos de ellos alejados por la fuerza de sus hogares, lenguas, culturas y comunidades. La última escuela residencial financiada por el gobierno federal cerró en 1996.
Las condiciones en numerosas escuelas fueron extremadamente deficientes. La Truth and Reconciliation Commission documentó casos generalizados de abandono, enfermedades, desnutrición y abuso físico, sexual y emocional. El organismo describió el sistema como una forma de “genocidio cultural”, debido a su propósito de destruir los vínculos familiares, culturales y lingüísticos de los pueblos indígenas.
Miles de niños nunca regresaron a sus hogares. El National Centre for Truth and Reconciliation mantiene registros de más de 4,000 niños identificados por nombre o mediante registros de fallecimiento, mientras continúa la investigación para determinar qué ocurrió con otros menores cuyas muertes o lugares de entierro nunca fueron debidamente documentados.
La jornada del 30 de septiembre tiene también su origen en Orange Shirt Day. El movimiento nació de la experiencia de Phyllis Webstad, sobreviviente de una escuela residencial. En 1973, cuando tenía seis años, llegó al St. Joseph Mission Residential School, en British Columbia, vistiendo una camisa naranja nueva que su abuela le había comprado. Al ingresar, se la quitaron junto con el resto de sus pertenencias. Años después, aquella experiencia se convirtió en símbolo de todo lo que el sistema arrebató a generaciones de niños indígenas.
De allí surgió también el mensaje “Every Child Matters” —“Cada niño importa”—, hoy ampliamente reconocido en Canadá.
En 2021, el Parlamento estableció oficialmente el 30 de septiembre como feriado federal bajo el nombre National Day for Truth and Reconciliation, respondiendo a una de las 94 Calls to Action presentadas por la Truth and Reconciliation Commission en 2015. La jornada busca mantener viva la memoria de las escuelas residenciales y promover educación, reconocimiento y reconciliación.
Este miércoles, sobrevivientes de First Nations, Inuit y Métis, junto con Elders y representantes indígenas, se reunieron en Parliament Hill, Ottawa, donde fue izada la Survivors’ Flag en memoria de quienes sobrevivieron y de los niños que nunca regresaron a casa. La bandera fue creada con participación directa de sobrevivientes de diferentes pueblos indígenas de Canadá.
El gobierno federal señaló en su mensaje oficial de este año que las escuelas residenciales fueron parte de una política colonial de asimilación destinada a separar a los niños de sus familias, identidades, lenguas y culturas. También reiteró su compromiso de continuar trabajando en las recomendaciones de la Truth and Reconciliation Commission.
En Toronto, cientos de personas participaron en el Indigenous Legacy Gathering en Nathan Phillips Square. El encuentro incluyó ceremonias al amanecer, intervenciones de sobrevivientes, música, danza, enseñanzas y actividades destinadas a acercar al público a las culturas y experiencias de los pueblos indígenas. El evento fue organizado por Toronto Council Fire Native Cultural Centre y contó con apoyo de la ciudad.
Las secuelas de las escuelas residenciales no desaparecieron con el cierre de las instituciones. Organizaciones indígenas y la Truth and Reconciliation Commission han señalado efectos intergeneracionales relacionados con la pérdida de lenguas y vínculos familiares, el trauma transmitido entre generaciones y las dificultades sociales que continúan afectando a muchas comunidades.
Por eso, el 30 de septiembre no representa solamente una mirada al pasado. Para sobrevivientes y organizaciones indígenas, la reconciliación implica conocer la historia, escuchar sus testimonios y avanzar en acciones concretas que permitan reparar, en la medida de lo posible, los daños causados a generaciones de niños y familias.
Cada camisa naranja que se vio hoy en Canadá llevó consigo un mensaje sencillo pero profundo: Every Child Matters. Cada niño importa.









