Por Pablo Gutman.
EFE/REPORTAJES

Cambiando nuestra alimentación, podemos cambiar nuestra vida,
de acuerdo a Jeannette Hyde, nutricionista británica especializada en salud intestinal, autora de un programa de cuatro semanas de duración que ha ayudado a mejorar la salud de a miles personas en Reino Unido, Australia, Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda.

Hyde, que ofrece periódicamente terapias para grupos y retiros en su casa de la Menorca (islas Baleares, España) y también participa en una investigación sobre salud intestinal en St. Mary’s University (Londres, Reino Unido), es autora del libro ‘Pon a punto tu intestino’, donde explica su método.

Formada en la Universidad de Westminster, en Londres, la especialista indica que cuatro semanas son suficientes para recuperar la salud intestinal, adelgazar, fortalecer las defensas orgánicas inmunes y mejorar el humor, “si se sigue un plan integral para cambiar los hábitos alimenticios, con lo que se consigue mejorar la salud física y emocional”, indica.

“Al poner a punto nuestro intestino también conseguimos: mejorar nuestra piel y también nuestro descanso, así como aumentar nuestros niveles de energía”, asegura esta habitual de la BBC y colaboradora de The Times o The Daily Telegraph, entre otros medios de comunicación.

“El ideario que propongo se basa en las últimas investigaciones científicas que demuestran la gran importancia que tiene el sistema digestivo en nuestra salud”, según Hyde.

“Este programa incluye ayunar durante doce horas (desde la cena hasta el desayuno), evitar las comidas entre horas e incorporar bacterias intestinales a través de productos pre y probióticos, disfrutando de tres deliciosas comidas al día”, señala su autora.

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EN LA DIETA, CUANTA MÁS VARIEDAD ¡MEJOR!.

“Lo más importante que podemos hacer para tener un intestino sano es comer una amplia variedad de vegetales, hierbas y frutas todos los días. Cuanto más amplia sea la gama plantas, ¡mejor!”, señala.

Hyde apunta a consumir al menos treinta tipos diferentes de plantas en el transcurso de una semana, aunque muchos de sus clientes obtienen “hasta 60 o más plantas cuando se enfocan en la variedad, lo cual hace que la comida sea realmente interesante”, asegura.

“Cuantos más colores y texturas diferentes tengan los vegetales que comamos, más variado será en nuestro intestino el abanico de bacterias que se asocian con una buena salud digestiva”, apunta Hyde, autora del libro ‘Pon a punto tu intestino’.

Explica que la mejor forma de expandir la variedad de vegetales que consumimos es hacerlo de forma gradual, para que el intestino se vaya acostumbrando a todos los nuevos colores y fibras presentes en estos alimentos.

“En la práctica, esto consiste en adquirir verduras o frutas que no hayamos consumido durante mucho tiempo y que nuestra compra de plantas sea lo más colorida posible”, según Hyde.

“Esto significa que, si habitualmente consume cebollas, tomates y pimientos rojos, la próxima vez debe elegir cebollas rojas, una variedad diferente de tomate, por ejemplo, los’cherry’ en lugar de los tomates grandes, y pimientos amarillos o verdes en vez de los rojos”, ejemplifica.

Hyde también sugiere cultivar hierbas frescas en nuestro balcón, jardín o terraza e incluirlas en cada comida, ya que “esta es una forma fácil de incorporar una mayor variedad de diferentes tipos de fibra y de color en nuestra dieta cotidianas.

“Si normalmente tiene manzanas verdes, altérnelas con las manzanas rojas”, recomienda.

La nutricionistas incluye en su programa una hoja de trabajo denominada ‘Diversity Challenge’ (El reto de la diversidad) que se puede descargar desde su sitio web (www.jeannettehyde.com) al apuntarse a su ‘newsletter’, la cual se puede imprimir y pegar en la nevera para tenerla a la vista, y donde se pueden anotar las plantas que se van a tomar cada semana.

“Si seguimos una dieta monótona estamos promoviendo tener en el intestino una escasa diversidad de bacterias, lo cual se asocia con una salud deficiente”, añade.

Hyde también advierte que los antibióticos reducen la diversidad de bacterias intestinales, por lo que es especialmente importante “concentrarse en mantener una diversidad de alimentos después de tomar estos medicamentos, para regenerar nuestra diversidad bacteriana”, asevera.

CLAVES PARA UNA MICROBIOTA INTESTINAL SANA.

Para mantener nuestra salud intestinal, una vez que la hemos recuperado, Hyde también recomienda “¡variedad, variedad y más variedad!”.

“Los ingleses decimos que la variedad es la sal de la vida y realmente lo es cuando se trata de mantener saludable nuestra
microbiota intestinal”, destaca.

“La variedad no es una práctica para cuatro semanas, sino una práctica en la que hay enfocarse y disfrutarla de por vida”, apunta.

Hyde señala a Efe que también podemos mantener una buena salud intestinal al incluir alimentos fermentados diariamente en nuestra alimentación, lo cual era habitual hace cincuenta años, cuando muchos teníamos quesos fermentados lentamente, yogures y verduras en escabeche, porque no todas las personas tenían refrigeración, en sus hogares.

Añade que con la producción de comida rápida, la presencia regular de alimentos fermentados en la dieta es mucho menor.

“Los alimentos fermentados contienen muchos tipos diferentes de bacterias probióticas que viajan por el sistema digestivo y crean una microbiota intestinal saludable, ayudando a nuestra salud digestiva y a nuestra salud en general, incluido el control del peso corporal y el sistema inmunológico”, añade Hyde.

Podemos incorporar alimentos fermentados en nuestra dieta, por ejemplo, tomando a diario kéfir lácteo fermentado, o comiendo quesos crudos como el manchego español o el queso roquefort francés, indica la experta.

“En cambio, muchos de los quesos de producción rápida presentes en los supermercados no contienen bacterias probióticas”, indica.

Otra forma de desarrollar nuestras bacterias intestinales, según Hyde, consiste en degustar tortilla española, aunque la experta aconseja comerla fría “para obtener los máximos beneficios para la salud”.

“Cuando las patatas (papas) se cocinan y luego se enfrían, forman un tipo de fibra llamada almidón resistente, que no se puede digerir en la mitad superior del sistema digestivo. Y cuando este almidón resistente llega al colon, proporciona un alimento especial para que prosperen las bacterias intestinales”, concluye Hyde.