El primer Canada Investment Summit cerró este martes en Toronto con una serie de anuncios multimillonarios y cambios fiscales con los que el gobierno de Mark Carney busca convertir a Canadá en uno de los destinos más competitivos del mundo para la inversión privada.
Durante dos días, el encuentro reunió a grandes inversionistas internacionales, ejecutivos canadienses, fondos de pensiones y representantes gubernamentales. Los participantes administran colectivamente más de $120 trillones en activos, mientras Ottawa presentó más de 160 proyectos en sectores como energía, minerales críticos, inteligencia artificial, defensa, transporte e infraestructura.
El objetivo del gobierno es ambicioso: catalizar $1 trillón en inversión total durante los próximos cinco años. Ottawa sostiene que los proyectos nacionales asociados al Major Projects Office representan ya más de $192 mil millones en inversión potencial y más de 330,000 empleos.
Uno de los anuncios más importantes fue la expansión del proyecto de infraestructura de inteligencia artificial de Bell en Saskatchewan. La compañía planea aumentar su capacidad hasta 1.2 gigavatios, con una inversión total potencial de aproximadamente $52.5 mil millones. El gobierno provincial estima que el proyecto podría generar miles de empleos directos e indirectos.
El sector financiero también presentó grandes compromisos. TD anunció que destinará hasta $150 mil millones durante cinco años en préstamos, financiamiento, asesoría y otras actividades relacionadas con energía, minerales críticos, defensa, inteligencia artificial e infraestructura.
Carney aprovechó además la cumbre para anunciar incentivos fiscales destinados a acelerar nuevas inversiones. Las empresas podrán deducir inmediatamente el costo de gran parte de las nuevas inversiones de capital, incluyendo maquinaria, software, investigación y desarrollo e infraestructura. Según el gobierno, esta medida reducirá la tasa efectiva marginal sobre nuevas inversiones empresariales de aproximadamente 13% a 6.4%.
Ottawa también decidió acelerar las decisiones tributarias para inversiones de $1 mil millones o más, con el objetivo de proporcionar mayor certeza a empresas que estudian proyectos de gran escala.
Otro anuncio relevante fue la intención del gobierno de abrir los cuatro principales aeropuertos del país —Toronto Pearson, Vancouver, Calgary y Montréal-Trudeau— a mayores inversiones privadas mediante concesiones de largo plazo, aunque los activos continuarían siendo propiedad pública.
La cumbre también dejó claro que Canadá intenta diversificar su economía en medio de la guerra comercial con Estados Unidos. Carney presentó al país como una economía estable, con abundantes recursos naturales, acceso preferencial a 1.5 mil millones de consumidores mediante acuerdos comerciales y una fuerza laboral altamente educada.
Sin embargo, no todos los proyectos anunciados representan inversiones ya aseguradas. Algunos se encuentran apenas en etapas iniciales de planificación, y funcionarios federales han reconocido que muchos acuerdos podrían tardar entre 12 y 18 meses en concretarse.
La reunión también provocó protestas en Toronto. Organizaciones laborales, ambientales y comunitarias expresaron preocupación por una mayor participación privada en infraestructura pública, el crecimiento de proyectos de combustibles fósiles, defensa e inteligencia artificial y el posible uso de incentivos gubernamentales para beneficiar a grandes inversionistas.
El verdadero éxito del Canada Investment Summit, por tanto, no podrá medirse únicamente por las cifras anunciadas esta semana. La prueba será cuántos de esos proyectos consiguen financiamiento, comienzan construcción y generan empleos reales.
Pero el mensaje que Ottawa quiso enviar fue claro: Canadá pretende utilizar la actual incertidumbre comercial internacional como una oportunidad para atraer capital, desarrollar nuevas industrias y reducir gradualmente su dependencia económica de Estados Unidos.











