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Por Raúl A. Pinto
Si es entretenida, es buena. Esa es mi primera regla de apreciación de una película. No es que mi nivel de aceptación del cine de Hollywood y el cine en general sea bajo, es que el “cine B”, esas películas que no son obras maestras, han sido parte de las bases de la industria, y terminan siendo igual de influyentes que las grandes producciones. ¿Quién de nosotros no terminó impactado por el dvd de un film que nadie conocía, y que vimos una y otra vez? ¿O de una película en televisión que no olvidamos, incluso cuando no sabemos su título? Esta clase de cintas llevan para mi el mismo honor que muchas otras.

Salí de ver “The Mandalorian and Grogu”, recientemente estrenada en Canadá, con mucho entusiasmo, primero, porque Jon Favreau ama la aventura tanto como yo. Él entiende que lo que hace funcionar las desternillantes y flipantes aventuras de Din Djarin y Grogu no es la complejidad de la trama, sino la perfecta mezcla de western espacial, aventura por episodios y ternura que terminó convirtiendo a “El Mandaloriano” en todo un fenómeno de la televisión. Igual como lo hicieron con “Moana 2”, aquí se siente como si hubiesen juntado varios episodios de la serie y los “IMAXizaron”. Pero no me quejo del resultado.
En la trama, Djarin nuevamente se encuentra trabajando para la Nueva República, ahora bajo las órdenes de la coronel Ward (Sigourney Weaver brillando, como siempre). La misión es rescatar a Rotta the Hutt (hijo de Jabba), a cambio de información. Con la voz de Jeremy Allen White, Rotta termina convirtiéndose en el segundo bicho espacial adorable que vemos en cine tras el Glordon de “Elio”. Ahora, esto termina pasando a tercer plano, porque muy rápido nos enfrentamos a cine de gángsters, episodios de gladiadores americanos y aventuras clásicas de “Star Wars”, película que, si se acuerdan, inspira todo esto.

Visualmente, Favreau apuesta por abrazar el lado más bizarro, sucio y exagerado del universo laguerradelasgalaxiano. El que nos gustaba más de niños. Monstruos de tierra y agua, palacios decadentes, arenas de combate, androides armados con reciclaje y mucha estética ochentera. Incluso con buenas series dramáticas recientes en este universo, como “Obi-Wan”, “Ahsoka” y “Andor”, esta “The Mandalorian and Grogu” recuerda que lo absurdo, lúdico y grotesco, con cameos tan bien agregados como Martin Scorsese en la voz de un feriante alienígena, pueden ser un deleite. Y como muchas películas de aventuras clásicas, Favreau tuvo la genialidad de agregar a un excelente compositor, Ludwig Göransson, que hace que todo luzca mucho mejor.

Ahora, considero esta es una película B, porque tiene secuencias de acción más deficientes que otras, efectos digitales que rayan en lo mediocre y se apoya fuertemente en el hecho que todos queremos al baby Yoda y a Mando. Dicho esto, lo mismo pasó con franquicias clásicas como las de Tarzán y Sherlock Holmes, además que Pedro Pascal es un gran actor que carga la película con aplomo, con o sin casco.
No sé que pasará con el legado de “The Mandalorian and Grogu”. Pero si este fin de semana quiere ir al cine a pasarla bien, vaya por esta. Disponible en salas.











