Por Raúl A. Pinto
El discurso de secuelas por sobre películas originales ya nos lo sabemos, pero en este caso, a Dios gracias, funciona. El regreso del director David Frankel, la guionista Aline Brosh McKenna y el cuarteto de Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci da resultados tangibles y satisfactorios.
No todo es perfecto (hay momentos algo forzados y los diálogos no alcanzan la agilidad de la original), pero el conjunto se sostiene con soltura y se disfruta. La cinta mantiene lo que hizo memorable a la primera: personajes, glamour y drama.
La diferencia es que, dos décadas después, la historia ya no gira solo en torno a la moda, sino a un mundo editorial y periodístico en plena transformación. Ahí encontramos a Miranda Priestly, ya no como la figura todopoderosa que recordábamos. Meryl Streep retoma el personaje con una sutileza notable, ampliando el espectro de uno de sus roles más icónicos.
Como en aquella escena doméstica de la primera película, donde Andy la encontraba sola y vulnerable en casa, ahora Miranda se mueve con grietas visibles en su armadura impecable. Hay un dejo melancólico en su presencia, una conciencia clara de que su reinado está siendo desafiado, no por personas, sino por algoritmos, clics y audiencias volátiles.
Andrea Sachs, interpretada por Anne Hathaway, vuelve a trabajar con ella tras el colapso de su redacción. Pero ya no es la asistente abrumada, sino una profesional sólida, consciente del sistema y decidida a no perderse en él. La tensión entre admiración y resistencia sigue siendo el corazón de la historia, aunque ahora nace más desde la experiencia que desde la ambición.
También regresa Emily Charlton. Emily Blunt vuelve a robar escenas con precisión, manteniendo ese filo venenoso en sus líneas, ahora acompañado de una madurez que refleja a una mujer que aprendió a dominar el mismo sistema que antes la consumía. Su relación con Andy se redefine desde un lugar más equilibrado, de pares.
Por su parte, Nigel Kipling, interpretado por Stanley Tucci, sigue siendo el ancla emocional de la película, con un tono más reflexivo, como si estuviera evaluando el cierre de una etapa.
Todos estos personajes se mueven dentro de una revista Runway que aún conserva su peso simbólico, pero que ahora compite con el vértigo del mundo digital. Hay despidos masivos, presión por generar contenido inmediato y la amenaza constante de la inteligencia artificial. Los aportes de Lucy Liu y Justin Theroux suman al conflicto, mientras que un breve pero efectivo cameo de Lady Gaga aporta ese brillo esperado.
Todo converge en una idea clara: el verdadero conflicto ya no está en la ropa, sino en quién controla la narrativa. Su honestidad y valentía para seguir a los personajes buscando relevancia, sin perder el factor entretenimiento, hacen olvidar pequeños detalles de ritmo. Véala. Disponible en salas.







