OTTAWA — El gobierno federal suspendió temporalmente un plan para adquirir 16 helicópteros UH-60M Black Hawk fabricados en Estados Unidos para las fuerzas especiales canadienses, una decisión vinculada a las tensiones comerciales y diplomáticas entre Ottawa y la administración del presidente Donald Trump.
Los helicópteros, fabricados por Sikorsky, subsidiaria del gigante estadounidense de defensa Lockheed Martin, estaban destinados al Canadian Special Operations Forces Command, CANSOFCOM, que busca modernizar su capacidad aérea para operaciones dentro y fuera del país.
El proceso de compra había avanzado considerablemente. La propuesta ya había recibido aprobación preliminar dentro del sistema estadounidense de Foreign Military Sales y se encaminaba hacia la revisión del Congreso cuando Ottawa ordenó detenerla durante el verano, poco antes de una nueva ronda de negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos.
La suspensión no representa necesariamente una cancelación definitiva.
El gobierno canadiense indicó que continúa evaluando distintas opciones para satisfacer las necesidades de las fuerzas especiales y que mantiene conversaciones con sus socios mientras analiza la mejor alternativa.
La decisión se produce en momentos en que Canadá intenta reducir su dependencia de proveedores militares estadounidenses y fortalecer su propia industria de defensa.
La estrategia industrial de defensa del gobierno federal establece como prioridad fabricar equipos en Canadá cuando sea posible, trabajar con aliados cuando resulte conveniente y recurrir a compras directas en el extranjero cuando no exista una alternativa adecuada.
El cambio de enfoque ha adquirido mayor importancia desde que Estados Unidos impuso aranceles a sectores canadienses como acero, aluminio y automóviles.
Las tensiones comerciales también han provocado que Ottawa revise otras adquisiciones militares estadounidenses, entre ellas la compra prevista de 88 aviones de combate F-35, también fabricados por Lockheed Martin.
En el caso de los Black Hawk, el debate tiene además un componente operativo.
Las fuerzas especiales canadienses utilizan actualmente helicópteros CH-146 Griffon, una plataforma que lleva más de tres décadas en servicio.
Los Black Hawk ofrecen mayor capacidad de carga, resistencia y alcance para determinadas misiones, características particularmente importantes en el vasto territorio canadiense y en operaciones en el Ártico.
El UH-60M puede transportar tropas y equipos en condiciones exigentes y es utilizado ampliamente por Estados Unidos y otros países aliados.
Sus partidarios dentro del sector de defensa consideran que la aeronave permitiría mejorar la capacidad de despliegue rápido de las fuerzas especiales y facilitar operaciones conjuntas con aliados.
Sin embargo, la suspensión del proceso ha reabierto una discusión más amplia sobre cómo debe Canadá equilibrar sus necesidades militares inmediatas con sus objetivos industriales y políticos de largo plazo.
Algunos especialistas advierten que cambiar de proveedor o iniciar una nueva competencia podría retrasar la llegada de equipos que las Fuerzas Armadas consideran necesarios.
Por otra parte, quienes respaldan una mayor diversificación señalan que las actuales tensiones comerciales muestran los riesgos de depender excesivamente de un solo país para equipos estratégicos, piezas, mantenimiento y soporte técnico.
El gobierno de Mark Carney ha señalado que las futuras adquisiciones militares deberán generar mayores beneficios para la economía canadiense y ofrecer mayor control sobre mantenimiento, propiedad intelectual y cadenas de suministro.
El caso de los helicópteros Black Hawk refleja precisamente ese nuevo escenario.
Canadá continúa siendo miembro de NORAD y NATO y mantiene una estrecha cooperación militar con Estados Unidos, incluyendo ejercicios conjuntos y operaciones de defensa continental.
Pero la relación económica entre ambos países atraviesa uno de sus períodos más difíciles de las últimas décadas.
Por ahora, no se ha anunciado qué aeronave podría sustituir al Black Hawk ni cuándo se tomará una decisión definitiva.
La pausa deja abierta la posibilidad de retomar la compra estadounidense, realizar una competencia internacional o seleccionar una alternativa que incluya mayor participación de la industria canadiense.
Lo que inicialmente parecía una adquisición relativamente directa de 16 helicópteros se ha convertido así en otro ejemplo de cómo la disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos está comenzando a influir también en decisiones relacionadas con seguridad y defensa nacional.











