+++ El último informe mundial sobre el paludismo estima que en 2017 hubo 435.000 muertes por malaria en todo el mundo, el 93% de ellas en África.

+++ Desde los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) aclaran que, al contrario de lo que ocurre con el portador humano, el mosquito no se enferma por la presencia de los parásitos en su interior.

+++ “Las personas que han tenido muchos episodios de malaria generan una respuesta inmune llamada semiinmunidad. Esto les protege, de modo que no suelen tener malaria grave”, apunta la doctora Elena Trigo.

La malaria o paludismo es una enfermedad potencialmente mortal producida por parásitos del género Plasmodium. Hay cinco tipos de parásitos causantes de malaria en el ser humano, si bien el Plasmodium falciparum y el Plasmodium vivax son los más peligrosos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el Plasmodium falciparum es el más prevalente en el continente africano y el responsable de la mayoría de las muertes por malaria en todo el mundo. Por su parte, el Plasmodium vivax es el parásito causante de malaria dominante en la mayoría de los países fuera del África subsahariana.

UN PARÁSITO MUY ACTIVO EN EL CUERPO.
Estos parásitos entran en el organismo humano mediante la picadura de un mosquito hembra del género Anopheles. Una vez dentro, “crecen y se multiplican primero en las células del hígado y después en los glóbulos rojos de la sangre”, detallan los especialistas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).
Esta misma fuente añade que “sucesivas ‘camadas’ de parásitos crecen en el interior de los glóbulos rojos y los destruyen, liberando merozoítos (el siguiente estadio del parásito) que, a continuación, invade otros glóbulos rojos”.

El parásito pasa por distintas fases dentro de nuestro organismo. “Hay formas que infectan los glóbulos rojos y otras que son de reproducción. Estas últimas se llaman gametocitos”, señala Elena Trigo, especialista en medicina tropical y del viajero del Hospital Carlos III-La Paz de Madrid (España).

Cuando un mosquito, al alimentarse de la sangre de una persona infectada con malaria, ingiere los gametocitos, estos “maduran y se transforman en la siguiente fase del parásito”, indica la doctora.
Tras un periodo de entre 10 y 18 días, esta nueva forma del parásito, llamada esporozoíto, migra a las glándulas salivales del mosquito. Entonces, cuando el insecto se alimente de la sangre de otra persona, le inyectará “su saliva junto con los esporozoítos, que se desplazarán hacia el hígado y comenzarán un nuevo ciclo”, detallan desde los CDC.

Así se produce el contagio de la malaria. Los expertos de los CDC aclaran que, al contrario de lo que ocurre con el portador humano, el mosquito no se enferma por la presencia de los parásitos en su interior.
En cambio, los parásitos causantes de malaria sí producen diversos problemas en el organismo humano.

La doctora Trigo explica que, cuando infectan los glóbulos rojos, “estos acaban por romperse y se produce anemia. De hecho, las personas que han tenido muchos episodios de malaria suelen tener una anemia crónica”.

Además, “se forma un acúmulo de glóbulos rojos muertos que el bazo tiene que eliminar”, afirma.

La especialista comenta que el bazo “es una especie de depuradora que tenemos en el cuerpo para eliminar los glóbulos rojos inmaduros, rotos, muertos, etc. Así, otra característica típica de la malaria es un agrandamiento del bazo, lo que se conoce como esplenomegalia”.

SÍNTOMAS HABITUALES: FIEBRE Y ANEMIA.
Elena Trigo indica que, generalmente, los síntomas de la malaria son fiebre y anemia. No obstante, la enfermedad también produce una alteración de la función renal.

Además, “como las mayoría de los Plasmodium tienen una fase de reproducción dentro de las células del hígado, causan inflamación en estas células. Por lo tanto, a veces en las analíticas vemos una elevación de enzimas del hígado”, puntualiza.

Pero la doctora destaca que el estadio más grave es el de la malaria cerebral que ocurre cuando la enfermedad afecta al cerebro y produce un bajo nivel de conciencia, coma y convulsiones.

En este sentido, la especialista advierte de que cualquier persona que contraiga la malaria, si la enfermedad se complica o si no recibe tratamiento a tiempo, puede morir.

De hecho, el último informe mundial sobre el paludismo, publicado en noviembre de 2018, estima que en 2017 hubo 435.000 muertes por malaria en todo el mundo, el 93% de ellas en África.
El grupo más vulnerable es el de los niños menores de cinco años, que en 2017 representaron el 61% de todas las muertes por la enfermedad.

Aquí, un aspecto a tener en cuenta es la inmunidad humana. “Las personas que han tenido muchos episodios de malaria generan una respuesta inmune llamada semiinmunidad. Esto les protege, de modo que no suelen tener malaria grave”, apunta la doctora Trigo.

La especialista precisa que la semiinmunidad “es una cosa que solo vemos con malaria, no lo vemos con otros parásitos”.

La OMS indica que se da especialmente entre los adultos residentes en zonas que reúnen condiciones de transmisión moderada o intensa.

“La inmunidad se desarrolla a lo largo de años de exposición y, a pesar de que nunca proporciona una protección completa, reduce el riesgo de que la infección cause enfermedad grave. Es por ello que la mayoría de las muertes registradas en África corresponden a niños pequeños, mientras que en zonas con menos transmisión y menor inmunidad se encuentran en riesgo todos los grupos de edad”, expone la OMS.

PREVENIBLE Y TRATABLE.
No obstante, esta entidad recalca que la malaria es prevenible y tratable. En cuanto a esto último, la OMS indica que la mejor opción terapéutica disponible, especialmente para la malaria por Plasmodium falciparum, es el tratamiento combinado con artemisinina.

La doctora Trigo aclara que el tratamiento suele consistir en dos fármacos diferentes juntos en la misma pastilla. Cada uno de ellos va a matar a un estadio del parásito.

“Son tratamientos cortos, de tres días, en los que se toman pastillas una o dos veces por jornada. Esto facilita una buena adherencia”, afirma.

La especialista manifiesta que se tratan con pastillas todos los casos posibles y sólo en los graves se administra tratamiento intravenoso.

Pero la lucha contra la malaria se ha encontrado con un importante obstáculo: la resistencia que los parásitos han desarrollado frente a algunos fármacos.

La especialista afirma que no hay una única causa. “Probablemente se deba, por un lado, al mal uso de los antiparasitarios en zonas donde hay poca medicación o donde solo tienen medicamentos para la malaria y a veces se sobreutilizan. Por otro lado, el parásito se va adaptando a los tratamientos existentes. En el África subsahariana hay muchas infecciones al año, se trata a muchos pacientes a la vez y el parásito consigue adaptarse para escapar al mecanismo de control de algunos fármacos”, expresa.

Para la OMS, es una “prioridad absoluta” mantener la eficacia de los tratamientos recomendados para los países donde la enfermedad es endémica y para la comunidad malariológica mundial.
Por Purificación León.
EFE/REPORTAJES

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