Un equipo de científicos descubrió que las llamativas manchas y protuberancias negras observadas durante años en peces de agua dulce de Canadá y Estados Unidos corresponden a una forma de cáncer capaz de transmitirse directamente de un animal a otro.
El hallazgo fue realizado en ejemplares adultos de bagre cabeza marrón, conocido en inglés como brown bullhead catfish, que habitan principalmente en el lago Memphremagog, un cuerpo de agua compartido por Quebec y el estado estadounidense de Vermont. El estudio, publicado en la revista científica Nature, representa el primer caso conocido de cáncer transmisible en un pez y en un animal de agua dulce.
Pescadores y biólogos comenzaron a reportar en 2012 una cantidad inusual de peces con lesiones negras elevadas sobre la piel. Investigaciones posteriores confirmaron que se trataba de melanomas malignos. Entre 2014 y 2017, entre el 23 y el 37 por ciento de los bagres estudiados en el lago presentaban estas lesiones. Evaluaciones más recientes encontraron porcentajes que variaban entre el 18 y el 42 por ciento, dependiendo del sector analizado.
Inicialmente, los científicos sospecharon que los tumores podían estar relacionados con un virus, la contaminación del agua o una predisposición genética de los peces. Sin embargo, el análisis completo del genoma produjo un resultado inesperado. Las células de los tumores eran genéticamente más parecidas entre sí que a las células de los peces que las portaban.
Esto indica que el cáncer no se desarrolla de manera independiente dentro de cada animal. Las propias células cancerosas pasan de un pez a otro, se establecen en el nuevo organismo y continúan multiplicándose, comportándose de manera similar a un parásito. Los investigadores encontraron cientos de miles de variantes genéticas compartidas entre los tumores que no estaban presentes en los tejidos saludables de los peces.
Todavía no se conoce con certeza cómo ocurre la transmisión. Una de las hipótesis señala que podría producirse durante el período de reproducción, cuando los bagres adultos se agrupan en aguas poco profundas y mantienen contacto físico frecuente. Estos peces también poseen espinas cerca de sus aletas pectorales que podrían causar pequeñas heridas y facilitar el ingreso de las células tumorales a otro ejemplar.
Los investigadores también estudian si factores ambientales, cambios hormonales o la exposición natural al arsénico podrían debilitar el sistema inmunológico de los peces y favorecer la propagación del cáncer. Hasta ahora, no encontraron evidencia que relacione directamente la enfermedad con un vertedero cercano. Además, lesiones similares han sido identificadas en otros lagos y estanques de la región.
El descubrimiento no representa un riesgo conocido para las personas. Los científicos señalan que estas células cancerosas están adaptadas a esta especie y no pueden infectar ni sobrevivir en seres humanos. Tampoco se han observado disminuciones dramáticas en la población de bagres del lago. No obstante, las autoridades de Vermont recomiendan no consumir peces que presenten lesiones, tumores u otras alteraciones visibles.
El estudio podría ayudar a comprender mejor cómo algunas células cancerosas logran sobrevivir fuera de su organismo original, evadir las defensas de otro animal y continuar propagándose. También plantea nuevas preguntas sobre la influencia de la contaminación, el cambio climático y otras presiones ambientales en la aparición de enfermedades entre las poblaciones silvestres.







