El principal representante comercial de Estados Unidos responsabilizó a Canadá por la nueva escalada de la guerra comercial entre ambos países, después de que la administración de Donald Trump anunciara prohibiciones de importación y modificaciones arancelarias que afectarán a varios productos canadienses.
Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, afirmó que las nuevas medidas son una “consecuencia natural” de lo que Washington considera un trato discriminatorio de Canadá hacia exportaciones estadounidenses y de la decisión de Ottawa de aplicar contraaranceles después del fracaso de las negociaciones comerciales de agosto.
El presidente Donald Trump firmó el martes cinco proclamaciones que amplían la respuesta estadounidense. Algunas entrarán en vigor el 15 de septiembre, mientras las prohibiciones de importación comenzarán el 29 de septiembre.
Las medidas impedirán completamente la entrada a Estados Unidos de determinadas bebidas alcohólicas canadienses, algunos productos lácteos y ciertas motocicletas. Washington también modificará las tarifas aplicables a otros bienes, manteniendo o imponiendo gravámenes elevados sobre algunos productos mientras elimina los aranceles sobre otros, entre ellos cemento, sal para carreteras y ciertos artículos médicos.
Greer sostiene que Canadá se retiró de un acuerdo comercial que estaba prácticamente terminado y eligió lo que calificó como una represalia “sin sentido”.
Según la versión estadounidense, las diferencias incluyen las restricciones provinciales sobre bebidas alcohólicas de Estados Unidos, el sistema canadiense de cuotas para productos lácteos y determinadas políticas relacionadas con el sector automotriz.
Ottawa presenta una secuencia diferente.
Los contraaranceles canadienses que entraron en vigor el 8 de septiembre afectan aproximadamente US$20 mil millones en productos estadounidenses y fueron anunciados como respuesta a los aranceles del 50% que Estados Unidos había aplicado previamente sobre una cantidad similar de exportaciones canadienses después del colapso de las conversaciones. Las tarifas canadienses oscilan entre 15% y 50% y alcanzan sectores como acero, aluminio, lácteos, equipos agrícolas, papel y otros productos.
El primer ministro Mark Carney ha dicho que Canadá no busca intensificar la confrontación, pero considera las contramedidas necesarias para proteger trabajadores y empresas frente a las decisiones de Washington.
En un mensaje dirigido a los canadienses esta semana, Carney reconoció que reducir la dependencia económica de Estados Unidos tendrá un costo, pero sostuvo que permanecer vulnerable a las decisiones de un solo socio comercial sería todavía más perjudicial.
La nueva fase representa además un cambio significativo porque Washington está avanzando más allá de los aranceles tradicionales. Las prohibiciones completas de importación son una herramienta mucho más restrictiva y podrían cerrar completamente el mercado estadounidense para determinados productores canadienses.
Al mismo tiempo, la elevada integración de ambas economías limita hasta dónde puede extenderse la confrontación sin generar consecuencias a ambos lados de la frontera. Canadá sigue siendo un proveedor fundamental de energía, minerales, alimentos y componentes industriales para Estados Unidos, mientras el mercado estadounidense continúa absorbiendo más del 70% de las exportaciones canadienses.
Por ahora, no existe una fecha anunciada para reanudar negociaciones formales.
Con Ottawa y Washington culpándose mutuamente por el deterioro de la relación, la disputa ha dejado de ser únicamente una confrontación arancelaria y comienza a convertirse en una prueba mucho más amplia sobre el futuro de una de las relaciones comerciales más integradas del mundo.









