Los creyentes la viven con pasión. Los ateos, como una tradición más. Y es que la Semana Santa no es solo religión, ni siquiera en Italia, donde la Pascua es una de las celebraciones más significativas. Igual tiene algo que ver que dentro de su territorio se encuentre el Vaticano y la Santa Sede, la máxima institución de la Iglesia católica.Pero aún así, también es tiempo para tradiciones paganas, juegos infantiles, fuegos artificiales, cultura y comida.

 

Éstas son las 10 claves para que los que viajen a Italia en Semana Santa no se pierdan detalle de todo lo que se celebra.

 

  1. EN ROMA, EL VÍA CRUCIS.

Es seguramente el acontecimiento más importante de la Semana Santa italiana o, al menos, uno de los más concurridos. Roma celebra por todo lo alto un Vía Crucis presidido por el papa Francisco desde la colina del Palatino y que tiene lugar en uno de los escenarios más icónicos de la Ciudad Eterna: el Coliseo romano.

 

El recorrido discurre por el interior de este antiguo anfiteatro, llamado entonces Flavio, que recuerda los sufrimientos de los primeros cristianos. Después continúa por delante del Arco de Trajano y concluye en la colina del Palatino.

 

Con el Vía Crucis, el papa recuerda, junto con los miles de fieles que todos los años visitan la capital italiana, las diferentes etapas y momentos vividos por Jesús desde que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura.

 

  1. EN FLORENCIA, EL “SCOPPIO DEL CARRO”.

En la capital de la Toscana (centro), la celebración más popular se vive el Domingo de Resurrección. Con casi mil años de historia, la Explosión del Carro (“Scoppio del Carro”, en italiano) recibe este nombre porque el protagonista del acto es precisamente un carro lleno de pirotecnia tirado por bueyes blancos,apodado cariñosamente por los florentinos como “el Brindellone”.

A primera hora de la mañana sale de la plaza del Prado escoltado por personalidades y ciudadanos vestidos de antiguos soldados y llega a la plaza del Duomo.

 

Desde el interior de la catedral, se enciende un cohete en forma de paloma que se desplaza a lo largo de una cuerda hasta golpear el carro. Entonces empieza la fiesta: la paloma prende todos los fuegos artificiales, como representación del fuego sagrado.

 

  1. CUANDO LOS DIABLOS BAILAN EN SICILIA.

El sur de Italia es una de las zonas más ricas en tradiciones de Semana Santa. En la localidad de Prizzi, en Sicilia (sur), la mañana del Domingo de Resurrección dos diablos vestidos de rojo, y la muerte, en amarillo ocre,rondan las calles haciendo bromas y reteniendo a los vecinos, que deben darles dinero o dulces si quieren ser “liberados”.

Por la tarde, los tres tratan de impedir el encuentro de las estatuas de Cristo y la Virgen y se enfrentan a los ángeles que las custodian con una representación que se conoce como “el baile de los diablos”. Un “combate” que termina, obviamente, con el encuentro entre Cristo y la Virgen.

  1. LA VIRGEN QUE CORRE, EN LOS ABRUZOS.

En la pequeña localidad de Sulmona, en la región de Abruzos (centro), se recuerda el momento en que los apóstoles Pedro y Juan informaron a la Virgen María sobre la resurrección de Jesús.

La imagen de la Virgen de los Dolores se transporta en procesión a gran velocidad para recordar el momento en que, llena de alegría, corre a abrazar a su hijo resucitado. Por el camino pierde el velo negro que llevaba por el luto y se liberan decenas de palomas como símbolo de felicidad.

  1. LOS HUEVOS, PROTAGONISTAS EN LA REGIÓN DE EMILIA-ROMAÑA.

La Semana Santa en Italia también cuenta con celebraciones menos religiosas. Ejemplo de ello es el “Ponta e Cull”, una original tradición con los huevos como protagonistas que el Domingo de Resurrección toma las calles de Fiorenzuola d’Arda, en la región de Emilia-Romaña (norte).

Cada uno debe traer un huevo cocido y se baten con un oponente: quien consiga romper la punta (“ponta”) y la parte inferior (“cull”) del huevo de su oponente, gana la batalla.

  1. CALLES ENSANGRENTADAS EN CALABRIA.

El rito de los “vattienti” es seguramente la tradición con un mayor impacto escénico de toda la Semana Santa italiana.

Las calles de Nocera Terinese, en la región de Calabria (sur), se tiñen de rojo rubí por la sangre de los “vattienti”, las personas que, descalzas, se flagelan las piernas con objetos afilados. Con esta acción quieren homenajear el sufrimiento de Jesús en su crucifixión.

  1. UN POCO DE ESPAÑA, EN CERDEÑA.

La capital de la isla de Cerdeña, Cagliari, conserva aún vivas las tradiciones y muestra su profunda influencia “spagnola”.

Los ritos y las procesiones tiene lugar en los barrios históricos y en las antiguas iglesias monumentales de la ciudad, organizadas por cofradías, como en España. Tienen un papel especial la Cofradía de la Soledad, la del Santísimo Crucifijo y la de la Bandera.

  1. EN BÚSQUEDA DE CRISTO, TAMBIÉN EN CERDEÑA.

En la pequeña localidad sarda de Oliena se celebra un peculiar rito llamado “Scrocifissione”, en el que hombres y mujeres van de iglesia a iglesia buscando a la figura de Cristo Resucitado.

La Virgen María, llevada en procesión, se suma a la búsqueda de su hijo, que finalmente aparece el Sábado Santo.

  1. TIEMPO PARA LA CULTURA: MUSEOS.

En Roma, es tradición que la Semana Santa se dedique al arte. El Lunes de Pascua, conocido como “la Pasquetta” en Italia y único día festivo de toda la semana, todos los museos de la ciudad están abiertos.

El Sábado Santo, la entrada al Museo de los Foros Imperiales y al Mercado de Trajano cuesta sólo 1 euro.

  1. ¡TODOS A LA MESA!.

No hay Navidad sin comida y tampoco hay Semana Santa viandas. Menos aún en un país como Italia, que tiene para muchos la mejor cocina del mundo. Si en las fiestas navideñas el protagonista es el panettone, en esta época lo son los huevos de chocolate, símbolo de la Semana Santa, y la “colomba pasquale”.

Se trata de un bizcocho que creó en la década de 1930 Dino Villani, famoso por sus panettone, para no tener parada toda la producción hasta Navidad.

 

Así, dio forma de paloma (colomba, en italiano) al panettone, como símbolo de la Semana Santa y de la paz, y le añadió almendras crujientes, creando un dulce que todas las pastelerías del país se apresuran a preparar para que estén en todas las mesas italianas.

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