El papa Leo ha colocado los riesgos asociados con el rápido desarrollo de la inteligencia artificial entre los temas centrales de su pontificado, mientras aumenta a nivel internacional la preocupación sobre las posibles consecuencias sociales, militares y políticas de una tecnología cuya evolución avanza con enorme rapidez.
El pontífice volvió a abordar el tema durante una reunión de la Pontificia Academia de las Ciencias, donde reconoció que la inteligencia artificial puede ofrecer beneficios importantes para la humanidad, pero advirtió que también está creando nuevos peligros para la seguridad y la paz internacional. Asimismo, instó a los gobiernos a establecer mecanismos responsables para supervisar su desarrollo.
La preocupación del Vaticano no comenzó con el actual auge de la inteligencia artificial generativa. Desde 2019 la Santa Sede ha organizado encuentros sobre los riesgos de estas tecnologías y posteriormente colaboró con organizaciones y empresas, entre ellas Microsoft, IBM y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en iniciativas destinadas a promover un desarrollo tecnológico centrado en las personas.
El reverendo Paolo Benanti, uno de los principales asesores del Vaticano en asuntos relacionados con inteligencia artificial, explicó a Reuters que la capacidad transformadora de esta tecnología podría producir cambios sociales de una magnitud difícil de anticipar.
El cardenal Pietro Parolin, principal diplomático del Vaticano, también ha defendido la creación de reglas internacionales comunes. Su argumento es que ningún país puede enfrentar por sí solo los desafíos que plantea una tecnología de alcance global y que se necesita cooperación entre gobiernos, empresas, científicos y organizaciones internacionales.
Uno de los asuntos que más preocupa al Vaticano es el creciente uso de sistemas autónomos en conflictos militares. Leo ha pedido especial atención sobre armas que incorporan inteligencia artificial y cuyo grado de autonomía podría reducir el control humano sobre decisiones capaces de causar la muerte de personas.
Benanti comparó este debate con las históricas campañas de los pontífices a favor del desarme nuclear. Sin embargo, señaló una diferencia importante: mientras las armas nucleares pueden almacenarse, localizarse y contabilizarse físicamente, los sistemas de inteligencia artificial pueden expandirse de manera mucho menos visible a través de plataformas digitales y redes globales.
Otra preocupación es la utilización de contenido generado artificialmente para producir desinformación y manipular a las sociedades. El Vaticano considera que el riesgo no se limita a máquinas capaces de causar daño físico, sino también a tecnologías que pueden debilitar la confianza pública, intensificar conflictos y alterar la capacidad de las personas para distinguir información verdadera de contenido fabricado.
Leo ha pedido una regulación internacional que mantenga el control humano sobre estas tecnologías y garantice que su desarrollo permanezca al servicio de la sociedad.
El debate se produce mientras gobiernos, organismos internacionales y algunas de las principales compañías tecnológicas del mundo analizan cómo aprovechar los beneficios de la inteligencia artificial sin perder de vista riesgos que todavía son difíciles de medir.











