Por Alejandro A. Morales

 

TORONTO. ¿Cómo llamar a quienes han superado la barrera más usual que son los 65 años de edad? Nuestra experiencia con grupos que en general superan esa edad nos exige evitar algunos términos usuales como “anciano”, ni pensar en “viejos” sin que nos sentencien a una muerte prematura. Ese término está reservado para nuestros hijos, quienes lo usan “a piacere”. Tiemblo de solo pensar si hubiese llamado esa palabra innombrable a mi padre. Habría caído un rayo del cielo partiéndome en dos.

Examinemos, para comenzar la terminología oficial del país. En Canadá, la palabra “senior” indica que una persona tiene específicamente 65 años o más y este término se utiliza generalmente en un contexto de gobierno, para hacer referencia a programas y derechos asociados con esta edad. Por otra parte, para fines específicos, la edad a la que comienzan los descuentos para personas mayores suele ser 55. Pero, para muchos beneficios de los gobiernos, se debe tener al menos 60 o 65 años de edad para calificar.

La periodista Judith Graham hizo una investigación sobre esta discutida materia. Lo primero que saltó a la vista fue que a los llamados “boomers”, aquellos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Norteamérica, no les agrada la nueva terminología, simplemente porque no quieren envejecer. Hubo gente que consideró más importante concentrarse en los intereses y valores de este grupo etario y no en la terminología de su edad.

Nos encontramos todavía en nuestra permanente lucha contra el viejismo, ya descrito en numerosos artículos y que relegaba a nuestros mayores a la invisibilidad y a la incapacidad. Hemos vuelto una y otra vez a hacer notar que una nueva longevidad, el autocuidado y la medicina moderna hacen que nuestra gente de la “tercera edad” superen las estadísticas de años anteriores. Los 60 años de hoy, declaraba el conocido New York Times, son los 40 de antaño.

En nuestro trabajo con grupos de “adultos mayores” nos hizo ver que estos aborrecían palabras como “anciano”, la “edad dorada” y otros triviales clichés. Dichas denominaciones acarreaban el estigma del mencionado viejismo, cuando se pensaba que nuestros mayores se encontraban en la antesala de la muerte. Peor aún, aquellas que infantilizaban el nombre de este grupo, tales como “viejitos” y “abuelitos” por considerarlos simplistas y que prácticamente los comparaba con niños de corta edad, siempre en necesidad de ser ayudados y sin independencia.

La Organización Mundial de la Salud, por otro lado, puntualizaba que una manera de determinar la edad de una persona no era la cronología, sino que la funcionalidad. Dos personas mayores de la misma edad cronológica pueden presentar importantes diferencias relativas a su capacidad de valerse por sí mismas.

Quienes condujeron una interesante encuesta sobre tan sensitivo tópico se concentraron simplemente en una obvia pregunta: ¿Qué idioma usar para hablar de personas mayores de 65 años? Estos expertos en marketing apuntaron a abordar la “etapa de la vida” y el “estilo de vida” de los clientes potenciales, pero nunca hablaron de su edad. Pero ¿cuál es la alternativa para el resto de nosotros y para los médicos que tratan a los pacientes que se ajustan a esta descripción y para los académicos que estudian esta demografía? ¿Qué términos deberíamos usar para discutir este grupo de edad sin ofender?

La pequeña encuesta de Ms Graham fue hecha en forma aleatoria y no científica, llamando a algunos expertos pasados de la Edad Media y preguntando su opinión.

Una síntesis de ello es lo siguiente:

Lo que está pasando es que tenemos un problema con el tema en sí. Todos quieren vivir más tiempo, pero nadie quiere ser viejo. La tendencia es usar el término “personas mayores” porque es la menos problemática. Todos son mayores que los demás.

La mayor parte del tiempo es completamente innecesario usar “la edad” como un identificador. A la gente no le gusta. Por eso se constató que las organizaciones cambian sus nombres. Algunos se deshicieron del término “anciano” y otros acortaron los nombres, que ahora no mencionan la edad ni la jubilación.

Otra opinión: No llame a nadie “anciano”. Se asocia con personas con discapacidades físicas que necesitan atención constante.

“Personas de la tercera edad” es un término acuñado a fines de la década de 1930 para que las personas que necesitaban un lugar donde ir (a los centros de personas mayores que tuvieran un buen almuerzo).

“Envejecimiento” suena como si estuviéramos declinando. Se supone que “personas mayores” es más adecuado.

Lo importante es que cualquiera que sea la terminología y las opiniones sobre ella, nuestra “gente mayor” ha iniciado una nueva etapa de sus vidas que denota entrega y realización, más que una espera pasiva a lo indecible. La anticuada noción de viejismo se encuentra en una lenta, pero segura retirada.

 

 

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