Irán advirtió este viernes que responderá de manera “devastadora” a cualquier nueva amenaza de Estados Unidos, después de que Washington anunciara lo que describe como las sanciones financieras más severas impuestas hasta ahora contra Teherán.
La nueva presión económica busca debilitar las principales fuentes de ingresos de Irán, especialmente sus exportaciones de petróleo, sus redes financieras internacionales y el comercio con países que todavía mantienen relaciones económicas con el gobierno iraní.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, afirmó que la administración del presidente Donald Trump prepara “las sanciones más duras de la historia” contra Irán y que dará a conocer nuevos detalles en los próximos días. Según Washington, el objetivo es reducir aún más la capacidad de Teherán para financiar sus operaciones militares y obligarlo a aceptar nuevas condiciones en las negociaciones.
La respuesta iraní fue inmediata.
El mayor general Ali Abdollahi, uno de los principales comandantes militares del país, advirtió que las fuerzas iraníes están preparadas para responder en diferentes escenarios y aseguró que cualquier nueva amenaza tendrá consecuencias “devastadoras”.
El presidente Masoud Pezeshkian y el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, también acusaron a Estados Unidos e Israel de librar una guerra económica y psicológica contra Irán. Qalibaf pidió fortalecer el comercio regional y utilizar monedas nacionales para reducir la dependencia del dólar estadounidense.
La confrontación económica ocurre mientras las negociaciones sobre el Estrecho de Hormuz permanecen estancadas.
Irán sostiene que el estratégico corredor marítimo no será reabierto plenamente hasta que Estados Unidos cumpla varias condiciones, entre ellas levantar el bloqueo sobre puertos iraníes, eliminar sanciones petroleras, liberar activos congelados y poner fin a determinadas operaciones militares.
Antes de la actual guerra, cerca de una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado atravesaba Hormuz. El tránsito comercial permanece actualmente muy reducido. Datos de seguimiento marítimo mostraron que apenas siete buques de materias primas cruzaron el estrecho el jueves, una cifra muy inferior a los niveles habituales anteriores al conflicto.
El petróleo iraní es uno de los principales objetivos de Washington.
Reuters informó que las ofertas de crudo iraní a compradores chinos han disminuido significativamente desde que Estados Unidos restableció su bloqueo naval en julio. Las exportaciones iraníes, que promediaron alrededor de 1.4 millones de barriles diarios en 2025, habrían caído a aproximadamente 534,000 barriles diarios en agosto. China compra más de 80 por ciento del petróleo iraní transportado por mar.
Esa reducción está comenzando a afectar también los mercados mundiales.
El petróleo Brent se negociaba este viernes cerca de US$94 por barril, mientras el West Texas Intermediate rondaba los US$87, y ambos se encaminaban hacia una segunda semana consecutiva de aumentos. Los analistas atribuyen parte de esa presión al temor de nuevas interrupciones del suministro en Medio Oriente.
Para Irán, las nuevas sanciones llegan en un momento económico especialmente difícil.
Reuters reportó que la inflación iraní alcanzó alrededor de 66 por ciento en julio, mientras los precios de los alimentos aumentaron más de 120 por ciento y la moneda nacional continuó perdiendo valor. La guerra y las restricciones sobre las exportaciones de petróleo han reducido además los ingresos disponibles para el gobierno.
Washington considera que esa vulnerabilidad puede utilizarse como una herramienta de negociación.
Bessent sugirió incluso que una ofensiva económica suficientemente fuerte podría reducir la necesidad de nuevas operaciones militares. Sin embargo, las autoridades iraníes sostienen que una mayor presión provocará resistencia y no capitulación.
La estrategia también puede generar tensiones con otros países.
Si Estados Unidos decide aplicar sanciones secundarias a empresas o gobiernos que continúen comerciando con Irán, China podría convertirse en uno de los principales puntos de conflicto. Beijing ha rechazado históricamente las sanciones unilaterales estadounidenses y mantiene importantes vínculos energéticos con Teherán.
Para Canadá, la principal consecuencia indirecta podría volver a sentirse en los precios de la energía. Un aumento prolongado del petróleo internacional puede trasladarse a gasolina, transporte y otros costos, incluso en un país productor de crudo.
Por ahora, la confrontación parece desplazarse parcialmente desde el campo militar hacia una nueva etapa de presión financiera y comercial. Pero mientras Hormuz permanezca restringido y Washington amenace con cortar las fuentes económicas de Irán, el riesgo de una nueva escalada seguirá afectando tanto a Medio Oriente como a los mercados internacionales.









