Los océanos cubren más de dos terceras partes del planeta, regulan el clima, producen gran parte del oxígeno que respiramos y sostienen la alimentación y el empleo de millones de personas. Sin embargo, enfrentan simultáneamente contaminación por plásticos, sobrepesca, calentamiento, acidificación y destrucción de hábitats costeros.
Cada año, aproximadamente ocho millones de toneladas de residuos plásticos llegan al mar. Botellas, bolsas, redes de pesca y microplásticos afectan a peces, aves, tortugas y otros organismos, mientras parte de esos contaminantes entra en la cadena alimentaria.
Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más amenazados. El planeta acaba de atravesar el episodio de blanqueamiento coralino más extendido del que se tiene registro. Los científicos advierten que hasta el 90 % de los arrecifes podría desaparecer si el calentamiento global alcanza 1.5 grados centígrados, especialmente si continúan la contaminación, la pesca excesiva y el desarrollo costero desordenado.
La pérdida de estos ecosistemas tendría consecuencias mucho más amplias que la desaparición de especies. Los arrecifes protegen las costas frente a tormentas, sostienen el turismo y funcionan como criaderos para numerosos peces. Su deterioro amenaza viviendas, empleos, culturas y fuentes de alimentación.
Las respuestas incluyen la creación de áreas marinas protegidas, restricciones a plásticos de un solo uso, restauración de manglares y corales, pesca sostenible y vigilancia satelital. También avanza la cooperación internacional para proteger la biodiversidad de alta mar.
Los especialistas recuerdan que el océano puede recuperarse cuando disminuyen las presiones humanas. El desafío consiste en actuar con suficiente rapidez y coordinar políticas que no se limiten a limpiar residuos, sino que reduzcan su producción desde el origen.









