El premier de Ontario, Doug Ford, respondió este lunes a una serie de ataques personales del presidente estadounidense Donald Trump y aseguró que los insultos no lo intimidan, mientras la disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos continúa escalando.
El intercambio comenzó después de que Trump publicara en Truth Social un mensaje en el que describió a Ford como un “flunky” —un subordinado o lacayo— y lo comparó desfavorablemente con su fallecido hermano, el exalcalde de Toronto Rob Ford. Trump también volvió a referirse al primer ministro Mark Carney como “Governor Carney” y afirmó que Canadá depende económicamente de Estados Unidos.
Ford respondió durante una conferencia de prensa en Hamilton señalando que lleva años enfrentando adversarios políticos y que los comentarios de Trump no le afectan.
“He’s a loser”, dijo Ford, después de comparar al presidente estadounidense con un bully escolar y asegurar que no piensa aceptar lecciones de alguien a quien describió como responsable de múltiples bancarrotas empresariales.
El premier también insistió en que Ontario y Canadá deben responder con firmeza si Washington continúa aumentando la presión económica.
Ford volvió a mencionar la posibilidad de aplicar un recargo a las exportaciones de electricidad hacia Estados Unidos y dijo que “todas las herramientas” continúan disponibles si la administración Trump intenta perjudicar sectores estratégicos de la economía canadiense.
El enfrentamiento verbal ocurre pocos días después del fracaso de las negociaciones comerciales entre Ottawa y Washington.
Estados Unidos impuso aranceles del 50 por ciento a cientos de productos canadienses, mientras Canadá anunció que responderá con tarifas equivalentes a partir de septiembre. Trump también amenazó con ampliar las medidas a vehículos, autopartes y acero canadiense a partir de enero de 2027.
Ontario se encuentra particularmente expuesto a una guerra comercial prolongada debido a la importancia de su industria automotriz, siderúrgica y manufacturera, muchas de cuyas cadenas de suministro están integradas directamente con plantas estadounidenses.
Ford ha adoptado una de las posiciones más combativas entre los líderes provinciales.
Durante el último año ha utilizado campañas publicitarias en Estados Unidos para criticar los aranceles y ha planteado la posibilidad de utilizar electricidad y minerales críticos como instrumentos de presión económica si Washington continúa aumentando las tarifas.
Pese al lenguaje utilizado este lunes, Ford aseguró que mantiene una distinción entre sus diferencias con Trump y su relación con los estadounidenses.
El premier ha repetido que considera a Estados Unidos un aliado histórico de Canadá y que sus críticas están dirigidas a las políticas comerciales de la actual administración, no a la población estadounidense.
El episodio también muestra cómo una disputa inicialmente concentrada en aranceles y acceso a mercados está comenzando a adquirir una dimensión política mucho más confrontacional.
Hasta hace poco, las diferencias entre ambos gobiernos se expresaban principalmente mediante comunicados, negociaciones y amenazas arancelarias. Ahora, los ataques personales entre dirigentes de ambos lados de la frontera están ocupando también los titulares.
Para Ontario, sin embargo, el problema de fondo sigue siendo económico.
Más allá del intercambio entre Ford y Trump, cualquier nueva tarifa sobre automóviles, acero o electricidad podría afectar empleos, inversiones y costos de producción en una provincia cuya economía depende profundamente del comercio con Estados Unidos.
La pregunta ahora es si el endurecimiento del lenguaje servirá como presión para que ambas partes regresen a la mesa de negociación o si contribuirá a profundizar todavía más una disputa comercial que ya atraviesa uno de sus momentos más tensos.









