El primer ministro Mark Carney endureció este lunes su mensaje frente a Washington y aseguró que Canadá está dispuesto a regresar a la mesa de negociaciones comerciales, pero no aceptará condiciones que lo traten como una “subsidiaria” de Estados Unidos.
La frase refleja una postura más amplia del gobierno federal: preservar la relación económica con su principal socio comercial, pero sin ceder en decisiones que Ottawa considera propias de un país soberano.
Carney sostuvo que Canadá no puede aceptar un marco de negociación en el que Washington dicte unilateralmente las condiciones de acceso a otros mercados, las políticas industriales internas o la manera en que el país administra sectores estratégicos.
Según el primer ministro, cualquier nueva conversación deberá desarrollarse sobre una base de respeto mutuo y reconocimiento de que Canadá conserva plena autoridad sobre sus decisiones económicas.
El mensaje llega en un momento particularmente delicado para la relación bilateral. La profunda integración entre ambas economías significa que cualquier disputa afecta de manera inmediata a fabricantes, agricultores, exportadores, transportistas y consumidores a ambos lados de la frontera.
Para Ottawa, sin embargo, esa interdependencia no debe confundirse con subordinación.
El gobierno canadiense ha insistido en que continuará defendiendo industrias consideradas esenciales para la economía nacional, entre ellas automóviles, acero, aluminio, energía, productos forestales y agricultura.
También ha señalado que Canadá necesita ampliar sus relaciones comerciales con Europa, Asia y otros mercados para reducir su dependencia económica de Estados Unidos y fortalecer su capacidad de responder a futuras presiones comerciales.
Ese esfuerzo de diversificación se ha convertido en una parte cada vez más visible de la estrategia económica de Carney.
El primer ministro ha argumentado que los recientes conflictos comerciales demuestran la necesidad de construir una economía canadiense más resiliente, capaz de producir más internamente y de desarrollar nuevos mercados para sus exportaciones.
La postura también tiene una dimensión política.
Durante los últimos meses, las tensiones con Washington han provocado un renovado debate sobre la soberanía económica canadiense y sobre hasta qué punto el país debe modificar sus políticas para conservar un acceso preferencial al mercado estadounidense.
Carney parece haber elegido una línea clara: mantener abiertas las puertas al diálogo, pero establecer límites sobre las concesiones que Canadá está dispuesto a realizar.
La relación con Estados Unidos continuará siendo indispensable. Millones de empleos dependen directa o indirectamente del comercio bilateral y numerosas industrias operan mediante cadenas de suministro que cruzan la frontera varias veces antes de completar un producto.
Por esa razón, Ottawa ha evitado presentar la situación como una ruptura permanente.
Carney ha reiterado que Canadá regresará a las negociaciones cuando considere que existe una posibilidad real de alcanzar un acuerdo equilibrado y duradero.
Mientras tanto, el gobierno federal trabaja con las provincias y diferentes sectores empresariales para reducir el impacto de las medidas estadounidenses y preparar nuevas estrategias comerciales.
La frase de Carney sobre no convertirse en una “subsidiaria” resume así una posición que probablemente marcará las próximas etapas de la relación con Washington: Canadá quiere seguir siendo uno de los socios económicos más cercanos de Estados Unidos, pero insiste en hacerlo como un país independiente y no como una extensión de la economía estadounidense.









