El gobierno de Doug Ford enfrenta críticas tras la compra de un avión privado usado por $28,9 millones de dólares canadienses, en una decisión reportada por diversos medios, confirmada por el gobierno mismo y cuestionada por líderes de la oposición y grupos de contribuyentes en medio del alto costo de vida en la provincia.
La aeronave, un Bombardier Challenger 650 fabricado en 2016, será utilizada principalmente para los desplazamientos oficiales del primer ministro provincial dentro de Ontario, Canadá y Estados Unidos.
Desde el gobierno, se argumentó que el avión permitirá viajes más seguros, flexibles y confidenciales en una provincia extensa, además de facilitar misiones económicas como las gestiones contra los aranceles impulsados por el presidente estadounidense Donald Trump. Ford ha intensificado sus visitas a Estados Unidos, incluyendo reuniones recientes con representantes de la industria automotriz en Texas, en el marco de estas tensiones comerciales.
La decisión ha sido duramente criticada por la líder del Nuevo Partido Democrático de Ontario, Marit Stiles, quien calificó la compra como desconectada de la realidad de los ciudadanos. La dirigente señaló que muchas familias enfrentan dificultades para pagar vivienda y alimentos, y cuestionó el momento elegido para realizar este gasto público.
El organismo Canadian Taxpayers Federation también pidió revertir la compra y solicitó que el gobierno utilice vuelos comerciales en lugar de aeronaves privadas. Hasta ahora, la oficina de Ford ha defendido el costo del avión señalando que es menor en comparación con adquisiciones similares realizadas por otras jurisdicciones en Canadá.
El uso de aviones privados por gobiernos provinciales ha generado controversia en el pasado. En 1981, el entonces primer ministro de Ontario, Bill Davis, enfrentó críticas por una compra similar, lo que lo llevó a modificar la aeronave para uso médico y posteriormente venderla ante la presión pública.
Ford, en el poder desde 2018, busca consolidar su liderazgo tras obtener una tercera mayoría consecutiva, aunque su nivel de aprobación se mantiene bajo según encuestas recientes. Su estrategia de visibilidad en Estados Unidos, incluyendo campañas contra los aranceles, ha elevado su perfil internacional, pero también ha generado tensiones políticas tanto dentro como fuera de Canadá.







