El primer ministro Mark Carney pidió este jueves una alianza mucho más estrecha entre Canadá y la Unión Europea para proteger la democracia, el estado de derecho y los mercados abiertos, un día después de que el presidente Donald Trump amenazara con imponer nuevos aranceles si Europa avanza con la idea de convertir a Canadá en un “miembro asociado” del bloque.
Carney hizo el llamado durante un discurso ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, donde sostuvo que Canadá y Europa enfrentan un escenario internacional en el que el comercio, las finanzas, las cadenas de suministro y la tecnología están siendo utilizados cada vez más como instrumentos de presión política.
El primer ministro afirmó que la respuesta no debe ser el aislamiento, sino una mayor cooperación entre democracias capaces de fortalecer su autonomía sin renunciar a economías abiertas.
“Canada and Europe should secure our strategic autonomy through deep cooperation”, dijo Carney, enumerando áreas como minerales críticos, capacidad industrial de defensa, inteligencia artificial, energía, espacio, sistemas de pagos y comercio digital.
El discurso llegó después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propusiera públicamente que Canadá pueda convertirse en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, una categoría que actualmente no existe dentro de los tratados del bloque.
Trump reaccionó negativamente.
Según Reuters, el presidente estadounidense calificó la propuesta como una medida hostil hacia Estados Unidos y advirtió que Washington podría responder imponiendo aranceles a la Unión Europea si la iniciativa avanza.
Carney rechazó la idea de que Washington pueda determinar con quién establece Canadá sus asociaciones internacionales.
El primer ministro sostuvo que Canadá es un país soberano y que continuará construyendo relaciones con socios que compartan sus intereses económicos y valores democráticos. El gobierno canadiense también ha dejado claro que no busca convertirse en miembro pleno de la Unión Europea.
La propuesta de von der Leyen todavía enfrenta importantes interrogantes dentro de Europa. Diplomáticos europeos citados por Reuters señalaron que la idea no había sido discutida previamente con los 27 estados miembros y que todavía no existe claridad sobre qué derechos y obligaciones implicaría un eventual estatus de miembro asociado.
Francia también respondió a las críticas de Trump. El ministro francés para Asuntos Europeos, Benjamin Haddad, afirmó que Estados Unidos no puede decidir las opciones geopolíticas de la Unión Europea y defendió el derecho del bloque a profundizar sus relaciones con Canadá.
Carney aprovechó su discurso para detallar qué tipo de relación quiere construir.
Propuso avanzar hacia un comercio digital prácticamente sin fricciones para bienes no agrícolas y numerosos servicios, ampliar la cooperación en investigación y tecnología y permitir que jóvenes canadienses y europeos puedan vivir, trabajar y estudiar con mayor facilidad a ambos lados del Atlántico.
También respaldó una eventual participación canadiense en programas europeos como Erasmus+, dedicado a movilidad estudiantil, y en la próxima generación de Horizon, el principal programa europeo de investigación e innovación.
En defensa, Canadá ya ha comenzado a acercarse considerablemente a Europa. El país es el primer participante no europeo en el mecanismo SAFE de cooperación industrial en defensa y esta semana solicitó formalmente incorporarse a la Joint Expeditionary Force, una coalición militar de respuesta rápida liderada por Reino Unido.
El acercamiento ocurre mientras Ottawa intenta reducir su tradicional dependencia económica y estratégica de Estados Unidos en medio de una profunda disputa comercial con Washington.
Carney insistió, sin embargo, en que no busca crear un nuevo bloque geopolítico destinado a competir con Estados Unidos o China. Su propuesta, dijo, es construir suficiente resiliencia para impedir que cualquier potencia pueda utilizar el acceso a mercados, energía, tecnología o cadenas de suministro para imponer decisiones sobre otras democracias.
La discusión sobre una eventual asociación Canadá-UE se encuentra apenas en sus primeras etapas.
Pero la reacción de Washington demuestra que la estrategia canadiense de diversificación ya está trascendiendo el terreno comercial. Lo que comenzó como un esfuerzo por encontrar nuevos mercados frente a los aranceles estadounidenses se está convirtiendo en un debate mucho más amplio sobre soberanía, seguridad y el lugar que Canadá quiere ocupar en un orden mundial cada vez más dividido.











