Por Alexander Terrazas

Canadá se convirtió en el tercer gran país del mundo, tras el Reino Unido y el Vaticano, en declarar estado de ‘emergencia climática nacional’ por el calentamiento global.  El 17 de junio pasado, la Cámara de los Comunes, con el apoyo del Partido Liberal, del NDP, del Partido Verde y del Bloc Quebecois, aprobó la medida con 186 votos a favor y 63 en contra. De acuerdo con la Guía de Procedimiento y Práctica de la Cámara de los Comunes, una resolución es una declaración de opinión o propósito y no requiere que se tome ninguna acción, ni es vinculante.

 

Lo curioso de la declaratoria de ‘emergencia climática’, no es la confusa interpretación  legal, sino el hecho de que 24 horas después se su aprobación se confirmó la decisión del Gobierno de Canadá de construir la segunda línea del oleoducto Trans Mountain, empresa que diariamente maneja 300 mil barriles de petróleo. Es por eso que esta medida ha sido considerada como una contradicción, porque por un lado la administración de Justin Trudeau, asegura que estamos ante “una crisis real y urgente, provocada por la actividad humana, que afecta el medioambiente, la biodiversidad, la salud y la economía de los canadienses. Y que es un problema de seguridad nacional y que es tiempo de que comencemos a tratarlo como tal” (según dijo la ministra del Medio Ambiente, Catherine McKenna, al presentar la moción ante el Legislativo); por el otro, dejará que la compañía Kinder Morgan continúe la extracción de hidrocarburos con alto impacto medioambiental: con la ampliación del oleoducto, de 300 mil barriles, y se espera que se puedan alcanzar los 890 mil barriles diarios.

 

Toda esta situación ha molestado a los opositores políticos. Patrick Bonin, portavoz del capítulo canadiense de Greenpeace, criticó la aprobación del proyecto por parte del Gobierno de Trudeau, luego de haber declarado que estamos en estado de emergencia climática; dijo que es igual de lógica que tratar de apagar un incendio con un lanzallamas. Por su parte, el líder del Nuevo Partido Democrático, Jagmeet Singh, advirtió que un solo derrame que se llegara a dar en la costas de la Columbia Británica sería fatal para la biodiversidad de la región, sin contar la afectación a la industria pesquera. En respuesta, representantes del partido Liberal aseguraron que no hay contradicción: la declaratoria de emergencia climática y la luz verde para construir el oleoducto es una prueba del equilibrio entre el crecimiento económico y el cuidado medioambiental

 

Más allá del debate político por esta cuestión, lo cierto es que Canadá se está calentando en promedio a un ritmo dos veces más rápido que el resto del mundo. Eso es lo que aseguró un último informe realizado por el Gobierno Federal Canadiense que advierte también de que los efectos causados por el cambio climático ya son evidentes en muchas partes del país y que se prevé que se intensifiquen en los siguientes años. “Si bien tanto las actividades humanas como las variaciones naturales en el clima contribuyeron al calentamiento global observado en Canadá, y el factor humano es dominante”, señala el informe concluyente. Lógicamente como resultado del calentamiento global, Canadá tendrá un clima más extremo. Por esa razón, ciudades de casi todo Canadá, como Ottawa, Montreal, Hamilton Kingston y Vancouver, ya han tomado la decisión de declarar el cambio climático como una emergencia; mientras que los ciudadanos también están profundamente preocupados por los efectos medioambientales y están dispuestos a hacer ajustes a sus vidas para luchar contra este fenómeno, pero muchas personas no quieren pagar impuestos adicionales.

 

Aunque la ‘emergencia climática nacional’ sea una medida política de los liberales de cara a las elecciones generales de octubre- porque es una promesa de campaña electoral de Justin Trudeau-, creemos que es necesario que todos apoyen esta medida con acciones eficaces que contribuyan realmente a luchar contra el calentamiento global. Hacemos votos para que así sea.

 

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