“Library and Archives Canada” (LAC), la institución federal encargada de preservar el patrimonio documental canadiense, anunció nuevas restricciones para el registro de libros producidos principalmente mediante inteligencia artificial, en respuesta a las crecientes preocupaciones sobre los derechos de autor y la proliferación de publicaciones generadas automáticamente.
Las modificaciones, publicadas el 9 de octubre, afectan la asignación de los números internacionales normalizados de libros, conocidos como ISBN, utilizados para identificar y comercializar publicaciones impresas y digitales.
Según las nuevas directrices, quienes soliciten un ISBN deberán declarar que sus publicaciones fueron escritas por autores humanos. La utilización de herramientas de inteligencia artificial continuará permitida para tareas auxiliares, como desarrollar ideas, revisar la gramática o dar formato a los textos.
Sin embargo, la institución limitará la cantidad de números ISBN asignados a obras cuyo contenido haya sido generado principalmente mediante inteligencia artificial, incluyendo textos, ilustraciones y traducciones.
La medida representa un cambio importante en el sector editorial canadiense, donde las herramientas automatizadas han facilitado la producción y comercialización de libros en grandes cantidades.
LAC aclaró que su política continúa bajo revisión y podría experimentar modificaciones a medida que evolucionen las tecnologías y las discusiones relacionadas con la propiedad intelectual.
La Canadian Authors Association recibió favorablemente la decisión, al considerar que constituye un paso hacia la protección del trabajo creativo y la identidad cultural del país.
No obstante, la organización señaló que todavía existen interrogantes sobre los mecanismos que permitirán verificar si una obra fue realmente escrita por una persona y las posibles consecuencias para quienes proporcionen información falsa.
La Asociación of Publicistas Canadienses también respaldó las nuevas condiciones y expresó preocupación por la creciente presencia de publicaciones automatizadas de baja calidad que compiten con obras originales.
Según representantes del sector, algunas plataformas digitales han recibido grandes cantidades de libros generados con inteligencia artificial que pueden contener información inexacta, material repetitivo o contenidos difíciles de verificar.
Esta situación genera inquietud porque puede confundir a los compradores y dificultar la visibilidad de escritores y editoriales que invierten tiempo y recursos en investigar, redactar y producir sus publicaciones.
El debate también incluye una preocupación fundamental: el posible uso de libros, artículos periodísticos y otras obras protegidas para entrenar sistemas de inteligencia artificial sin autorización de sus creadores.
Recientemente, un grupo de empresas periodísticas canadienses inició acciones legales contra Anthropic, desarrolladora del sistema Claude, por presunto uso no autorizado de contenidos protegidos.
El caso refleja las tensiones crecientes entre las compañías tecnológicas y los sectores culturales que reclaman mecanismos de compensación y protección de sus derechos.
Aunque el gobierno federal presentó una estrategia nacional de inteligencia artificial durante este año, todavía quedan pendientes decisiones específicas sobre el tratamiento de los derechos de autor en el desarrollo de estas tecnologías.
Es importante señalar que la asignación de un ISBN no constituye por sí misma una protección legal de derechos de autor. Su función principal es identificar una edición determinada y facilitar su distribución comercial.
Para escritores independientes, pequeñas editoriales y organizaciones culturales de Ontario y otras provincias, las nuevas directrices representan un cambio que deberán considerar antes de registrar futuras publicaciones.
La medida no significa una prohibición general de utilizar inteligencia artificial en la industria editorial, sino un intento de establecer condiciones que preserven la participación humana en el proceso creativo.
Mientras continúan las discusiones sobre su implementación, Canadá enfrenta el desafío de aprovechar los beneficios tecnológicos sin debilitar los derechos de quienes producen conocimiento, información y obras culturales.
El desarrollo de futuras regulaciones será determinante para establecer cómo convivirán la creatividad humana y la inteligencia artificial dentro del mercado editorial canadiense.












