El primer ministro Mark Carney presentó este jueves ante el Parlamento Europeo una propuesta detallada para llevar la relación entre Canadá y la Unión Europea mucho más allá del actual acuerdo comercial CETA, con cooperación reforzada en defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, investigación, servicios financieros y movilidad de jóvenes.
Durante su discurso en Estrasburgo, Carney sostuvo que Canadá y Europa enfrentan un entorno internacional más inestable, donde el comercio, las cadenas de suministro, las finanzas y la tecnología pueden utilizarse como instrumentos de presión. Su respuesta, dijo, no es buscar autosuficiencia absoluta, sino construir resiliencia colectiva entre socios confiables.
El primer ministro propuso que Canadá y la UE cooperen estrechamente en sectores considerados estratégicos, incluidos minerales críticos, capacidad industrial de defensa, inteligencia artificial y capacidad de cómputo, seguridad energética, espacio y sistemas de pagos.
Una de las propuestas más concretas es avanzar hacia un comercio digital mucho más fluido para bienes no agrícolas y una amplia gama de servicios. Carney también planteó explorar un mercado más integrado de servicios financieros, con el objetivo de ampliar las opciones para consumidores y mejorar el acceso al capital para empresas de ambos lados del Atlántico.
En energía, Canadá ofreció aprovechar su capacidad de producción de gas natural licuado e hidrógeno para reforzar la seguridad energética europea, utilizando nueva infraestructura portuaria en el norte y la costa este. A cambio, Ottawa espera beneficiarse de la experiencia europea en tecnologías de energía limpia.
Los minerales críticos también ocupan un lugar central. Canadá posee depósitos de más de 30 minerales considerados estratégicos y Carney propuso integrar esos recursos con la capacidad europea de procesamiento y manufactura para desarrollar cadenas de suministro completas destinadas a vehículos eléctricos, semiconductores, baterías, tecnologías limpias y defensa.
La alianza tendría además un componente importante de investigación y educación.
Carney respaldó una eventual participación canadiense en Erasmus+, el programa europeo que facilita intercambios estudiantiles, y en la próxima generación de Horizon, el principal programa de investigación e innovación de la UE. También propuso facilitar que jóvenes canadienses y europeos puedan vivir, estudiar y trabajar temporalmente a ambos lados del Atlántico.
En materia tecnológica, Canadá y Europa podrían compartir nueva capacidad soberana de cómputo, desarrollar conexiones digitales más seguras entre Europa y Asia a través de territorio canadiense y coordinar estándares y protocolos de seguridad para inteligencia artificial.
Carney subrayó que no propone crear un nuevo bloque geopolítico para competir con Estados Unidos, China u otras grandes potencias. Su objetivo, afirmó, es reducir vulnerabilidades para que ningún país o empresa pueda controlar el acceso a mercados, cadenas de suministro, tecnología o infraestructura estratégica.
El proyecto todavía se encuentra en una etapa inicial y cualquier estructura definitiva deberá pasar por un proceso político en ambos lados del Atlántico.
Carney confirmó posteriormente que el acuerdo será debatido por comités y sometido finalmente a una votación en el Parlamento canadiense. El próximo momento clave será la cumbre Canadá-Unión Europea prevista para el 29 y 30 de octubre en Montreal, donde ambas partes comenzarán a definir con mayor precisión la estructura de esta nueva relación.
La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, indicó que Europa ve positivamente nuevas oportunidades de cooperación con Canadá, aunque todavía faltan negociaciones sustanciales antes de definir qué forma jurídica adoptará la alianza.
Más que una simple ampliación comercial, la propuesta de Carney busca construir una relación transatlántica en la que Canadá y Europa compartan mercados, tecnología, recursos y capacidad estratégica.
Si avanza, podría representar uno de los cambios más importantes en la política económica exterior canadiense en décadas: pasar de una relación con Europa basada principalmente en comercio a una alianza mucho más integrada en seguridad, tecnología, energía, investigación y movilidad de personas.











