Canadá y Estados Unidos continúan negociando contra reloj antes del 19 de agosto, fecha prevista para la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses de 50 por ciento sobre cerca de US$20,000 millones en productos canadienses.
Las conversaciones buscan no sólo evitar esas nuevas tarifas, sino también conseguir alivio para sectores que ya enfrentan aranceles estadounidenses. Sin embargo, las diferencias siguen siendo importantes y cada industria presenta un escenario distinto.
Automóviles
El sector automotriz continúa siendo uno de los principales puntos de fricción.
Estados Unidos mantiene un arancel de 25 por ciento sobre el contenido no estadounidense de determinados automóviles canadienses que cumplen con las reglas del CUSMA. Canadá respondió con tarifas equivalentes sobre vehículos estadounidenses.
Washington quiere además cambios que aumenten la proporción de contenido producido en Estados Unidos dentro de los vehículos norteamericanos. Ottawa, por su parte, busca proteger una industria altamente integrada en la que componentes pueden cruzar la frontera varias veces antes de que un automóvil sea terminado.
Los nuevos aranceles anunciados para el 19 de agosto están vinculados también a que Washington considera que las medidas canadienses sobre vehículos estadounidenses son discriminatorias.
Acero y aluminio
Este es otro de los sectores donde Canadá busca una reducción significativa.
Estados Unidos mantiene aranceles de 50 por ciento sobre acero y aluminio canadiense, mientras Ottawa conserva sus propias contramedidas sobre importaciones estadounidenses. El gobierno canadiense considera estas tarifas injustificadas y las ha convertido en una prioridad de las negociaciones.
La industria advierte que las tarifas afectan cadenas de suministro profundamente integradas y elevan costos para fabricantes de ambos países.
Madera blanda
El conflicto sobre softwood lumber es anterior a la actual disputa comercial y continúa sin resolverse.
Washington mantiene aranceles sobre la madera canadiense, un sector especialmente importante para British Columbia, Quebec y otras provincias productoras. Ottawa ha incluido la madera entre los cuatro sectores prioritarios —junto con automóviles, acero y aluminio— en sus conversaciones con Estados Unidos.
Productos lácteos
En este caso, Estados Unidos busca concesiones de Canadá.
Washington sostiene que el sistema canadiense de gestión de suministro y la forma en que se distribuyen las cuotas de importación limitan injustamente el acceso de productores estadounidenses al mercado canadiense. Representantes estadounidenses han argumentado que parte de las cuotas disponibles no termina siendo utilizada por exportadores de Estados Unidos.
Canadá ha defendido durante años su sistema de gestión de suministro, que protege principalmente a productores de leche, huevos y aves.
Alcohol
La retirada de bebidas alcohólicas estadounidenses de establecimientos provinciales se convirtió inesperadamente en otro obstáculo.
Varias provincias dejaron de vender productos estadounidenses como respuesta a los primeros aranceles de Washington. La administración Trump considera esa medida discriminatoria y la incluyó entre las razones para imponer las nuevas tarifas de 50 por ciento.
El problema para Ottawa es que el gobierno federal no controla directamente las tiendas provinciales de alcohol, por lo que cualquier concesión requiere cooperación de las provincias.
La amenaza del 19 de agosto
Los nuevos aranceles estadounidenses representan el riesgo inmediato más grande.
A diferencia de varias tarifas anteriores, afectarían también determinados productos que actualmente califican para trato preferencial bajo CUSMA. Estados Unidos sostiene que las medidas responden al trato canadiense sobre automóviles, alcohol y productos lácteos.
Los negociadores han mantenido contactos casi diarios y ambas partes buscan un posible acuerdo provisional antes de la fecha límite. Sin embargo, fuentes familiarizadas con las conversaciones señalaron recientemente que todavía existen diferencias sustanciales.
A pesar de la disputa, la mayor parte del comercio continúa funcionando normalmente. Datos del gobierno federal indican que alrededor de 85 por ciento del comercio canadiense con Estados Unidos permanece libre de aranceles, con una tasa efectiva promedio cercana a 5.4 por ciento.
La negociación, por tanto, no busca reconstruir desde cero la relación comercial entre ambos países. El verdadero desafío es evitar que los sectores actualmente afectados arrastren al resto de una relación económica profundamente integrada.
Con apenas días antes del 19 de agosto, un acuerdo parcial podría aliviar algunas tarifas y permitir que las conversaciones continúen. Si no ocurre, Canadá y Estados Unidos podrían entrar en una nueva etapa de confrontación comercial precisamente cuando también intentan definir el futuro del CUSMA.









