Un nuevo estudio nacional advierte que el agotamiento profesional, la sobrecarga de pacientes y la imposibilidad de ofrecer atención segura están empujando a médicos de emergencia de Canadá a reducir sus horas, alejarse temporalmente de las salas hospitalarias o abandonar por completo la especialidad.
La investigación, publicada el 27 de julio en la revista Canadian Medical Association Journal, analizó las respuestas de 410 médicos que habían participado en un estudio sobre bienestar profesional iniciado durante la pandemia. Alrededor del 10 por ciento ya no trabajaba en medicina de emergencia, el 48 por ciento había reducido sus horas clínicas y otro 20 por ciento había tomado tiempo fuera de la especialidad.
La cifra de uno de cada diez debe interpretarse con cautela. El estudio siguió a un grupo específico de participantes y no constituye un censo de todos los médicos de emergencia del país. Sin embargo, sus resultados ofrecen una señal preocupante sobre la pérdida de profesionales altamente capacitados en un sistema que ya enfrenta escasez de personal, cierres temporales de departamentos y tiempos de espera cada vez mayores.
Los participantes procedían de todas las provincias y de los Territorios del Noroeste, aunque no hubo representación de Yukon ni Nunavut. La edad mediana fue de 41 años. El 54 por ciento ejercía en Ontario, el 14 por ciento en Quebec y el 10 por ciento en British Columbia, una distribución que también debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados nacionales.
El agotamiento ya se traduce en pérdida de capacidad
El estudio encontró que el 65 por ciento de los médicos presentaba niveles elevados de agotamiento emocional, despersonalización o ambos. Las mujeres y los participantes más jóvenes reportaron índices más altos de desgaste, al igual que quienes ya habían reducido sus horas de trabajo.
La despersonalización puede manifestarse como una sensación de distanciamiento emocional, pérdida de empatía o desconexión frente al trabajo y los pacientes. No significa que los profesionales hayan dejado de preocuparse, sino que su capacidad emocional puede verse afectada después de una exposición prolongada a situaciones de alta presión, sufrimiento y frustración.
Los investigadores identificaron un sentimiento recurrente entre los participantes: el sistema de salud está roto y las salas de emergencia están siendo obligadas a compensar sus deficiencias.
La doctora Kerstin de Wit, médica de emergencia de Kingston Health Sciences Centre y profesora de Queen’s University, explicó que los participantes mencionaron repetidamente la falta de recursos, el poco respaldo institucional y la expectativa de que las condiciones continuarán deteriorándose. Para muchos, el futuro de la especialidad parecía “sin esperanza” y sin una ruta clara de recuperación.
Atender pacientes en pasillos y salas de espera
Los médicos describieron departamentos con volúmenes extremadamente altos, largas esperas y pacientes evaluados en corredores, sillas o áreas que no fueron diseñadas para ofrecer atención médica.
En esas condiciones resulta difícil garantizar privacidad, completar evaluaciones, conversar con familiares o vigilar adecuadamente a quienes podrían deteriorarse mientras esperan. Los profesionales también reportaron falta de personal de enfermería, camas, equipos y servicios de apoyo.
La Asociación Canadiense de Médicos de Emergencia señala que el hacinamiento no constituye simplemente una molestia ni un problema de eficiencia. Está relacionado con diagnósticos y tratamientos tardíos, errores médicos, pacientes que abandonan el hospital sin ser atendidos y un mayor riesgo de muerte.
El problema no comienza ni termina dentro del departamento de emergencia. Muchos pacientes llegan porque no tienen médico de familia, no consiguen una cita o no encuentran servicios comunitarios de salud mental, atención domiciliaria, cuidados de largo plazo o especialistas.
Cuando un médico de emergencia decide hospitalizar a un paciente, con frecuencia no existe una cama disponible en otra unidad. La persona permanece entonces en una camilla dentro del departamento durante horas o incluso días. Es lo que se conoce como bloqueo de acceso, considerado por los especialistas como la principal causa del hacinamiento hospitalario.
Mientras atienden nuevos casos, los equipos de emergencia también deben continuar cuidando a pacientes que ya fueron admitidos, pero que todavía no pueden abandonar el departamento. Esto reduce el espacio disponible, aumenta la carga de trabajo y convierte la práctica médica en una operación constante de contención de riesgos.
El sufrimiento de no poder ofrecer la atención necesaria
Uno de los conceptos centrales del estudio es el sufrimiento moral. Los médicos están entrenados para responder ante accidentes, ataques cardíacos, derrames cerebrales, infecciones graves y otras emergencias. La presión propia de esos casos forma parte de la especialidad.
El daño emocional aparece cuando saben qué necesita un paciente, pero el sistema no les permite proporcionarlo a tiempo.
De Wit explicó anteriormente que los médicos suelen encontrar satisfacción en ayudar durante una emergencia. El mayor estrés surge cuando la persona permanece en la sala de espera, no existe una cama, falta personal para colocar una vía intravenosa o no se puede acceder oportunamente a una prueba diagnóstica. Presenciar el sufrimiento sin contar con los recursos necesarios puede ser más perjudicial que la intensidad clínica del trabajo.
Los participantes también dijeron sentirse culpados por problemas que no controlan, entre ellos las largas esperas, la falta de médicos de familia, las demoras para recibir atención especializada y la escasez de camas.
Esa presión puede provenir de pacientes y familiares frustrados, pero los médicos también dirigieron críticas hacia administradores hospitalarios y dirigentes políticos. Algunos señalaron una falta de responsabilidad clara en todos los niveles del sistema de salud.
Más pacientes y esperas de hasta dos días
Las cifras nacionales ayudan a comprender la dimensión del problema. Canadá reportó más de 16.1 millones de visitas no programadas a departamentos de emergencia durante 2024–2025, frente a casi 15.5 millones el año anterior. Estos datos representan aproximadamente el 89 por ciento de todas las visitas realizadas en el país.
Dos tercios de los casos fueron clasificados como de alta gravedad, lo que significa que requerían reanimación, atención emergente o una evaluación médica urgente. La idea de que las salas están saturadas principalmente por personas con problemas menores no coincide con estos datos.
La mitad de los pacientes esperó cerca de dos horas para ser evaluada inicialmente por un médico, pero uno de cada diez permaneció más de cinco horas sin esa primera valoración. Cerca de 1.2 millones de visitas terminaron con el paciente marchándose antes de ser atendido, probablemente debido a los retrasos y al hacinamiento.
La espera resulta todavía más grave para quienes necesitan hospitalización. Durante 2024–2025, nueve de cada diez visitas de pacientes admitidos concluyeron dentro de un período de 48.5 horas. Para quienes fueron dados de alta desde la sala de emergencia, nueve de cada diez visitas finalizaron en ocho horas.
La Asociación Canadiense de Médicos de Emergencia advierte que pasar la noche dentro del departamento aumenta el riesgo de muerte entre pacientes mayores. El hacinamiento también se relaciona con demoras en tratamientos sensibles al tiempo, estancias hospitalarias más prolongadas y deterioro clínico mientras las personas esperan.
Un círculo que se alimenta a sí mismo
La salida de médicos produce un efecto acumulativo. Cuando un profesional reduce sus turnos o abandona la sala, los demás deben asumir una mayor carga. Esa presión genera más agotamiento, nuevas reducciones de horario y potencialmente más renuncias.
Aunque un hospital conserve el mismo número de médicos registrados, puede perder una cantidad considerable de capacidad clínica si muchos disminuyen sus horas. El impacto no siempre aparece como una renuncia formal, pero se refleja en menos turnos disponibles, dificultades para cubrir noches y fines de semana y mayor dependencia de personal temporal.
La doctora Catherine Varner, médica de emergencia y subeditora de CMAJ, advirtió en un editorial relacionado que esta “salida silenciosa” representa una amenaza seria. Canadá ha invertido durante cinco décadas en desarrollar un cuerpo de médicos con preparación especializada para proporcionar atención de emergencia las 24 horas. Esa inversión podría desperdiciarse si el país no logra retenerlos.
El problema se extiende más allá de la medicina de emergencia. La Encuesta Nacional de Salud Médica de 2025 encontró que el 46 por ciento de los médicos y residentes canadienses presentaba niveles elevados de agotamiento. Otro 37 por ciento planeaba reducir sus horas clínicas durante los siguientes dos años y el 42 por ciento obtuvo resultados compatibles con depresión.
Las soluciones no pueden limitarse al autocuidado
Los médicos encuestados mencionaron estrategias personales para poder continuar trabajando. Entre ellas se encuentran reducir el número de turnos, tomar descansos, cambiar de hospital y combinar el trabajo clínico con enseñanza, investigación, administración u otras funciones profesionales.
Estas medidas pueden proteger temporalmente al individuo, pero disminuyen la capacidad de las salas de emergencia y no resuelven las causas estructurales.
Recomendar descanso, ejercicio, terapia o técnicas para manejar el estrés puede ser útil, pero resulta insuficiente cuando los profesionales regresan a departamentos sin camas, sin personal y con decenas de pacientes esperando. El agotamiento no puede tratarse únicamente como una debilidad individual o una incapacidad para soportar la presión.
La Asociación Canadiense de Médicos de Emergencia pide establecer normas nacionales, provinciales y hospitalarias para los tiempos de espera y el traslado de pacientes a camas de hospital. También recomienda asignar responsabilidad ejecutiva directa sobre el flujo de pacientes, mejorar la salida de personas que ya pueden abandonar el hospital y ampliar la atención domiciliaria, los cuidados de largo plazo y los servicios comunitarios.
Otras soluciones incluyen reforzar los equipos de enfermería, trabajo social, salud mental y atención geriátrica; reducir la carga administrativa; mejorar la conexión de los expedientes electrónicos; y ofrecer horarios más sostenibles para que los médicos no tengan que elegir entre proteger su salud o abandonar la profesión.
La crisis de los médicos de emergencia es también una crisis para los pacientes. Cada profesional que deja la sala representa menos capacidad para atender un accidente, un infarto, una infección, una emergencia de salud mental o cualquier situación en la que los minutos pueden marcar la diferencia.
El estudio no afirma que el sistema sea irrecuperable. Su advertencia es que la recuperación requiere decisiones que van mucho más allá de contratar algunos médicos o abrir nuevas áreas de emergencia. Mientras los pacientes no puedan avanzar hacia camas hospitalarias, atención primaria, especialistas y servicios comunitarios, las salas continuarán absorbiendo las fallas de todo el sistema.
Y mientras esa responsabilidad permanezca sobre los hombros de profesionales agotados, Canadá seguirá arriesgándose a perder precisamente a quienes necesita para mantener abierta su puerta más importante de atención médica.







