Ottawa eliminó el impuesto a los servicios digitales y modificó el acuerdo del Puente Gordie Howe, pero el equipo comercial de Trump sostiene que esas decisiones no representan avances formales en la negociación.
Ottawa. El Gobierno de Canadá ha tomado varias decisiones destinadas a reducir las tensiones comerciales con Estados Unidos, pero la administración del presidente Donald Trump sostiene que ninguna de ellas constituye una concesión formal capaz de destrabar las negociaciones bilaterales.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, afirmó que Canadá todavía no ha presentado propuestas concretas sobre los principales asuntos que Washington quiere abordar dentro de la próxima revisión del Tratado entre Canadá, Estados Unidos y México (CUSMA/USMCA). Según Greer, aunque funcionarios de ambos países mantienen conversaciones frecuentes, aún no se ha iniciado una negociación sustantiva.
La posición estadounidense contrasta con la percepción en Ottawa, donde algunas decisiones recientes han sido interpretadas como gestos importantes para restablecer el diálogo. Una de ellas fue la eliminación del impuesto canadiense a los servicios digitales, que afectaba principalmente a grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Canadá retiró la medida después de que Trump suspendiera las conversaciones comerciales en protesta por su aplicación.
Sin embargo, Greer señaló que Washington no considera la eliminación de ese impuesto como una concesión negociada, sino como la corrección de una política que Estados Unidos había calificado previamente de discriminatoria. En otras palabras, desde la perspectiva estadounidense, Canadá simplemente retiró una medida problemática, sin ofrecer nada nuevo a cambio dentro de una negociación más amplia.
Una situación similar ocurre con el Puente Internacional Gordie Howe. Canadá aceptó modificar el convenio operativo para permitir que Estados Unidos participe en las utilidades futuras por peajes y tenga voz sobre ciertos aumentos de tarifas. El acuerdo permitió fijar la apertura del puente para el 27 de julio, después de que la administración Trump amenazara con bloquearla.
Ottawa considera que ese entendimiento demuestra voluntad de cooperación. No obstante, el equipo comercial estadounidense aparentemente ve el asunto como una negociación separada de las conversaciones sobre aranceles y acceso a mercados. El primer ministro Mark Carney también ha aclarado que Canadá conservará todos los ingresos por peajes hasta recuperar la deuda de aproximadamente 6.4 mil millones de dólares asociada con la construcción. Solo después podría comenzar el reparto de utilidades netas.
La diferencia de interpretación evidencia la dificultad que enfrenta Canadá. Cada medida presentada como una señal de flexibilidad puede ser considerada por Washington simplemente como la eliminación de una barrera existente, sin recibir reconocimiento como concesión.
Mientras tanto, las conversaciones con México parecen avanzar con mayor rapidez. Greer describió al gobierno mexicano como más “pragmático” y señaló que ambas partes se preparan para una nueva ronda formal de reuniones. En contraste, afirmó que con Canadá existen contactos semanales, pero pocos avances concretos.
Estados Unidos busca modificar aspectos del acuerdo norteamericano relacionados con el contenido estadounidense en los automóviles, las cadenas de suministro y sectores estratégicos como productos farmacéuticos y electrónicos. Washington también ha expresado preocupación por algunas políticas agrícolas y comerciales canadienses.
Para Canadá, la prioridad sigue siendo preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense, del cual dependen millones de empleos. Sin embargo, la postura del equipo de Trump sugiere que Ottawa podría enfrentar presiones para realizar nuevas concesiones antes de que comiencen negociaciones formales sobre el futuro del CUSMA.







