La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abrió este miércoles la puerta a una relación sin precedentes con Canadá al proponer que el país se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, una categoría que actualmente no existe dentro de las reglas formales del bloque.
Von der Leyen hizo el anuncio durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, donde el primer ministro Mark Carney estuvo presente como invitado. Los legisladores europeos respondieron con una ovación de pie y la presidenta de la Comisión se acercó posteriormente a saludar al mandatario canadiense.
La propuesta representa un paso más allá de lo que Ottawa había planteado hasta ahora. Carney había insistido días antes en que Canadá no busca convertirse en miembro pleno de la Unión Europea, sino establecer una “alianza única” que profundice la cooperación económica, comercial y de seguridad.
El problema es que jurídicamente no existe todavía una figura denominada “miembro asociado” de la UE.
Los tratados europeos permiten la membresía plena solamente a estados europeos. Crear una nueva categoría para Canadá requeriría negociaciones entre las instituciones europeas y los 27 países miembros, que tendrían que acordar qué derechos y obligaciones acompañarían ese estatus.
Una eventual asociación podría dar a Canadá un acceso mucho más profundo al mercado europeo en áreas como manufactura, energía, inteligencia artificial, minerales críticos, defensa, investigación y movilidad laboral.
Pero ese acceso podría tener un costo político y regulatorio.
Si Canadá buscara entrar parcialmente al Mercado Único Europeo, probablemente tendría que armonizar determinadas normas con las de la UE en sectores donde quiera participar. Reuters señala que eso podría convertir a Canadá, en algunos ámbitos, en un país que acepta reglas europeas sin tener derecho a votar sobre cómo se elaboran.
Canadá y Europa ya cuentan con una relación económica estrecha a través del acuerdo comercial CETA. Sin embargo, la propuesta actual iría considerablemente más lejos, especialmente en sectores estratégicos donde ambos socios buscan reducir su dependencia de Estados Unidos, China y Rusia.
El acercamiento ocurre mientras Canadá intenta diversificar sus relaciones internacionales en medio de la creciente disputa comercial con Washington. Estados Unidos continúa recibiendo aproximadamente 72% de las exportaciones canadienses, una concentración que el gobierno de Carney quiere reducir durante la próxima década.
Este miércoles, Carney se reunió en Estrasburgo con von der Leyen y con la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. Según la Oficina del Primer Ministro, las conversaciones se concentraron en minerales críticos, energía, defensa, investigación, tecnologías avanzadas y una mayor autonomía estratégica frente a un entorno internacional cada vez más inestable.
Por ahora, Canadá no se ha convertido en miembro asociado de la Unión Europea y no existe un acuerdo formal que establezca qué significaría esa categoría.
Lo importante es que la idea dejó de ser una posibilidad discutida discretamente y pasó a convertirse en una propuesta pública respaldada por la máxima autoridad ejecutiva de la UE.
Si las negociaciones avanzan, Canadá podría terminar construyendo una relación con Europa que no sea membresía plena, pero que vaya mucho más allá de un tratado comercial tradicional.











