Por Gilberto Rogel

 

TORONTO. Una de las cosas más maravillosas que mi familia descubrió al llegar a este país es la manera de celebrar la época de Navidad, en particular que los chicos le pueden escribir una carta al viejo barba blanca que vive en el Polo Norte y que el MISMO les responde la misiva haciéndolas llegar a su respectiva casa, gracias al desinteresado y noble trabajo que hacen las y los trabajadores de Correos de Canadá.

De más está decir las peticiones que con seguridad deben llevar estas cartas, anteriormente una bicicleta nueva, el libro o el juguete de moda; en estos años debe ser la versión más actual del X BOX o Play Station o mejor todavía, el teléfono celular más codiciado. Y como dicen en nuestras tierras, lo más importante es mantener la fe y no dejar ir la inocencia. Ahora es su turno amigo lector, ¿está usted listo para escribir su cartita, sólo que con cuatro meses de anticipación?

Me atreveré a pensar que usted tendría una lista grande, para comenzar pediría un merecido aumento salarial, que las medicinas sean más accesibles, que el tratamiento dental para sus hijos no le cueste un ojo de la cara, que el bendito seguro de automóvil no le resulte más costoso que el mismo coche, y que la renta ya no le consuma más de la mitad de su salario mensual.

Bueno, aunque pareciese jalado de los pelos y más que una fantasía, usted puede atreverse a pedir eso y tal vez más, ¿y sabe por qué?, porque en menos de seis semanas tendremos una nueva elección para diputados al Parlamento Federal, y los políticos están listos con sus maquinarias partidistas para ofrecerle (tal como cuenta la conocida costumbre en nuestros países latinoamericanos) desde la construcción del esperado puente, aunque no haya rio, y si no hay río entonces se construye uno a petición popular.

Pero volviendo a nuestra amada tierra canadiense, en las próximas horas los líderes de los tres principales partidos políticos en contienda comenzarán a divulgar sus plataformas, y con ellas vendrán las esperadas promesas de campaña. Millones de dólares para tópicos urgentes por mencionar algunos, más fondos para asistir a las personas de la tercera edad; la protección del medio ambiente (tema de moda); la lucha contra la inseguridad ciudadana; la protección y creación de más fuentes de empleos estables, la estabilidad del país, el mantenimiento de la imagen de la nación a nivel mundial, y cientos de más “issues” que acongojan a la población.

Hace casi cuatro años atrás, el entonces pragmático Primer Ministro Conservador Stephen Harper aseguró haber escuchado el clamor popular e incrementó el monto de los llamados “baby bonos” (Child Benefits como oficialmente se llama) en un porcentaje significativo, la población recibió con alegría y alivio la medida, pero su partido perdió las elecciones de manera estrepitosa frente a un novato en política, señalado de no estar listo para gobernar una nación.

Hace más de un año y medio atrás, la entonces Premier de Ontario, Kathleen Wynne, al mejor estilo de los políticos en declive y con ansias de aferrarse al puesto, ofreció millones de fondos para una diversidad de proyectos, aseguró haber escuchado el clamor de la ciudadanía, y se comprometió a enmendar los errores cometidos, si recibía un voto de confianza.

Los votantes, en especial los residentes en las zonas rurales y del interior la provincia no le creyó, tomaron la apuesta populista del partido Conservador y su líder Doug Ford se convirtió en Premier, y sumergió a los Liberales de Ontario en una profunda crisis que hoy por hoy no son ni la sombra del poderoso aparato político que fue apenas unos años atrás.

Si usted es uno de los que les gusta seguir las encuestas de opinión sobre materia electoral se habrá dado cuenta que en materia federal la cosa cambia de manera radical. Los liberales encabezados por el Primer Ministro Justin Trudeau; y los conservadores, y su líder Andrew Sheer, se encuentran “nuca a nuca” en las preferencias del electorado a nivel nacional. Una tercera opción no parece ser un camino para los votantes, sorry NDP o partido Verde, es una carrera entre dos caballos. A ciencia cierta, nadie podría asegurar quién de los dos principales líderes llevará más votos a Ottawa para dirigir el país en los próximos años.

Lo que sí es cierto es que en las próximas horas usted podrá disfrutar de un espectáculo político quizás como nunca, así que póngase listo, prepare papel y lápiz, o mejor dicho su laptop para escribir su carta de deseos-anhelos-sueños para entregársela a cualquiera de los dos políticos. Que maravillo sería si usted recibe una respuesta positiva, así como hace Santa Claus y el Canada Post.

 

 

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