Por Alexander Terrazas

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Pasadas las controvertidas elecciones del Premier de la provincia Ontario y del alcalde de la ciudad de Toronto, ahora todas las miradas están puestas en las próximas elecciones generales para elegir al nuevo Primer Ministro de Canadá, previstas para el 21 de octubre del 2019.  La pregunta de rigor que casi todos los ciudadanos se preguntan en este momento es: ¿Justin Trudeau podrá ganar los comicios generales del 2019 en Canadá? Lo más probable es que Trudeau sea reelegido -o que también sea rechazado del cargo-, pero eso no es porque este haciendo un trabajo particularmente bueno, o que sus posibles oponentes sean inusualmente malos.

 

Antes de continuar esta cuestión, recordemos que Justin Trudeau es parlamentario del distrito de Montreal – Papineau desde el 2008, y es el Primer Ministro de Canadá desde el 4 de noviembre de 2015.  El verano pasado en Montreal, Trudeau que es también  líder del Partido Liberal, confirmó que irá a buscar su re-elección en el cargo, pero tendrá que contender una dura batalla política frente a sus adversarios: Andrew James Scheer del Partido Conservador (PC) y Jagmeet Singh Jimmy Dhaliwal del Partido Nuevo Demócrata (NDP), que hasta el momento son los que anunciado su interés de participar en las justas.

 

Volviendo al tema de la repostulación, según investigaciones realizadas por este medio de comunicación, en toda la historia de la política federal canadiense, solo dos primeros ministros con gobiernos mayoritarios fueron ‘expulsados’ ​​después de su primer mandato: Alexander Mackenzie en 1878 y RB Bennett en 1935. ¿Qué tenían ambos en común? Gobernaron durante las depreciaciones económicas mundiales. Consecuentemente, es muy raro que los votantes canadienses quieran un cambio dramático después de dar un importante mandato a un gobierno solo cuatro años antes. Sin embargo, vivimos en la era de Donald Trump, del Brexit y del éxodo de las grandes migraciones que podrían derivar en cambios políticos sustanciales.

 

En líneas generales, podríamos afirmar que el Gobierno de Justin Trudeau ha mantenido algunas de sus principales promesas de campaña electoral, por ejemplo, atraer a más refugiados sirios, legalizar la marihuana (aunque tardíamente) y revertir algunas medidas conservadoras controvertidas, entre otras cosas positivas; sin embargo, un gran número de los tablones de su plataforma, ampliamente anunciados y ambiciosos, se rompieron sin ceremonias, se redujeron significativamente o se dejaron de lado indefinidamente; por ejemplo, la reforma electoral, derechos y gastos de las Primeras Naciones, subsidios para las arenas de alquitrán, la prohibición de la donación de sangre por parte de los HSH, la infraestructura verde y muchos otros.

 

Ahora, nada de esto necesariamente les costará la reelección; sin embargo, tendrá un costo político muy alto. De todas maneras, creemos que el actual Gobierno y el Primer Ministro tienen una estructura lo bastante fuerte como para quedarse por cuatro años más, por lo que es probable que sea reelegido de todos modos. El país está bien, dicen los analistas, aunque las nubes de tormenta están en el horizonte, y aunque la popularidad personal de Trudeau haya descendido desde sus altos niveles de 2016, una gran cantidad de canadienses todavía están dispuestos a darle el beneficio de la duda. Es poco probable, como dicen las encuestadoras, que en un año poco cambie radicalmente la buena o mala imagen de un Gobierno. El tiempo y los hechos darán la razón, aunque en política como en el fútbol y religión nada está dicho hasta el día de  la elección.

 

 

 

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