Por Stefany Jovel

Una de las claves para mantener el peso adecuado es elegir bien los alimentos y la forma de cocinarlos.

Las fiestas navideñas son un periodo de excesos en cuanto a comida y bebida, ya que aumenta el número de eventos especiales y la cantidad de comida que ingerimos, lo que se traduce en la etapa del año en la que más se incrementa el peso corporal: 3 kg aproximadamente.

La falta de moderación durante las fiestas puede dar lugar a malas digestiones, intoxicaciones estomacales, subidas de tensión arterial, descompensaciones en las cifras de glucemia en personas diabéticas, ataques de gota y cólicos renales. Sin embargo, es posible disfrutar plenamente de la Navidad siguiendo algunos sencillos trucos:

– La moderación en la alimentación es fundamental para evitar estos trastornos, en primer lugar porque es más sencillo moderarse que excederse e intentar después volver a la rutina y peso previo; en segundo lugar, porque podemos perder los buenos hábitos adquiridos a lo largo del año y adoptar otros menos sanos, como abuso de postres y bebidas.

– Tener presente que los días críticos de las comidas de Navidad son 5 o 6 como máximo, contando con la cena de trabajo de Navidad. Debemos intentar ser selectivos y, los días no festivos, volver a la rutina correcta alimentaria.

– Hay que modificar las recetas que vayamos a preparar, sustituyendo la crema y la mantequilla por alimentos light. Servir aperitivos bajos en calorías, a base de verduras y productos light.

– Evitar las salsas ricas en grasa y azúcares. Es preferible condimentar los platos con hierbas y especias (eneldo, limón, ajo, cebolla). De esta forma, los platos resultarán más ligeros, menos recargados, la digestión se hace menos pesada y evitamos un importante exceso de calorías.

El vapor, el horno y la plancha son los métodos de cocción más sanos.

– Antes de acudir a las comidas o cenas festivas, comer un ligero almuerzo o merienda en casa (una fruta, un yogur o un pequeño snack). Así conseguiremos llegar al evento sin mucha hambre.

– Socializar más y comer menos. Debemos intentar no pararnos cerca de la mesa donde se colocan los aperitivos y bebidas, para evitar la tentación. Un truco es coger un platito de postre con 4 o 5 pequeños aperitivos ligeros y alejarnos de la mesa, evitando repetir.

– Preparar platos principales a base de alimentos con menos grasas y azúcares, más saludables, como los mariscos o pescados a la plancha, asados y carnes magras como la del pavo; evitando carnes muy rojas o muy grasas como el pato, cerdo o el cordero. Evitar las salsas grasas como acompañantes de estos primeros platos y sustituirlas por hierbas, vinagretas o mayonesa ligera, ésta última en poca cantidad.

– Beber más agua y menos bebidas alcohólicas. El exceso de alcohol, además de provocarnos embriaguez, sobrecarga el metabolismo del hígado y aporta calorías vacías. Elegir bebidas light y, si es posible, sin alcohol.

– Evitar el consumo de chocolates y embutidos muy grasos, ya que, además de engordar, pueden producir brotes de acné que serían muy incómodos en estas fiestas.

– Nunca debemos compensar un futuro exceso con un ayuno previo, porque en el momento crítico tendremos más hambre y comeremos más cantidad de alimentos altamente calóricos. Si caemos en la tentación (o no tenemos otra alternativa) de consumir un plato o dulce más calórico, hay que compensarlo. Por ejemplo, si el entrante es graso y calórico, debemos escoger un segundo a base de pescado a la plancha con verduras o ensaladas y, de postre, fruta natural. Si el segundo es carne o pescado con salsa, elegiremos un primero ligero con verduras, caldos o cremas ligeras.

Si tras las fiestas hemos ganado algunos kilos, debemos perderlos de forma saludable, bajo supervisión médica y evitando ayunos y dietas milagrosas. En definitiva, se trata de aplicar la moderación disfrutando de la Navidad sin poner en peligro la salud.

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