Por Raúl A. Pinto
Christopher Nolan parecía destinado, tarde o temprano, a enfrentarse a una historia como “La Odisea”. Él mismo dijo que luego de 20 años filmando películas épicas, se sentía listo para abordar la historia que él mismo había dejado pendiente tras no poder dirigir “Troya” en 2004.
Pero más allá de esto, su cine ya se caracteriza por tener a personajes atrapados, ya sea en el tiempo, la memoria o las consecuencias de sus decisiones. Nolan ha sido devoto de Homero desde siempre. Como es habitual, Nolan no se limita a convertir una adaptación en una simple seguidilla de encuentros y desencuentros; su interés en Odiseo es llevarlo a recordar, comprenderse, comprender a quienes lo rodean y volver a una vida que ni siquiera dimensiona como real.

Matt Damon, en uno de sus mejores roles, interpreta al legendario rey de Ítaca, quien, después de participar en la traumática guerra de Troya, emprende un largo y peligroso viaje de regreso junto a sus hombres. El peligro, claro, son mares impredecibles, dioses hostiles y misericordiosos, hechiceras, monstruos y pérdidas humanas. Pero también enfrenta el tomar decisiones estratégicas que lo lleven a su hogar, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco resisten como pueden a un grupo de “pretendientes” convencidos que el rey ha muerto. Aquí las líneas de tiempo de ambas historias (Odiseo viajando y su familia esperando) funcionan muy bien a el “tratamiento Nolan” de básicamente revolver todo, incluyendo recuerdos, visiones y fantasías que no siempre se entienden como tal. Los tres miembros de la familia se sostienen por una esperanza cada vez más débil.
El Odiseo de Damon se encuentra acertadamente agotado, pero se mantiene obstinado a pesar de encontrase decimado físicamente. Muy parecido a lo que hizo Ralph Fiennes en la para nada mala “The Return”, aunque con personalidad propia, este no es el héroe perfecto, ni regresa en busca de honores; tras la agotadora jornada, Odiseo sabe y reconoce que parte de sus desgracias también nacieron de su propio orgullo. Los mejores momentos del personaje los vive en la desesperación más que en su arrojo. Realmente sólido.

Anne Hathaway, a estas alturas ya una musa de Nolan, entrega una de las actuaciones más completas. Su Penélope tiene más instinto de supervivencia que paciencia para esperar a su marido, y pone en marcha lo que sabe de estrategia política para protegerse ella y su hijo. Los hombres ambiciosos que la pretenden apenas disimulan que quieren mucho más que casarse con ella, y el miedo se mantiene latente todo el tiempo. Tom Holland hace un muy buen trabajo aportando vulnerabilidad y determinación como el joven Telémaco, al igual que Robert Pattinson, quien visiblemente disfruta su papel como el desagradable pero impredecible Antínoo. También merecen una mención Samantha Morton como la inquietante Circe, John Leguizamo como el cálido y leal Eumeo y Charlize Theron dándole melancolía al “monstruo” Calipso. Zendaya, Lupita Nyong’o y Elliot Page se mantienen sólidos en sus roles, muy bien dirigidos, pese a lo breve de sus apariciones.

Rodada completamente con cámaras IMAX de 70 milímetros, “La Odisea” posee una escala visual difícil de discutir. Nolan y el magnífico director de fotografía Hoyte van Hoytema aprovechan muy bien los paisajes de Grecia, Marruecos, Islandia, Escocia y otros territorios para mostrar un mundo antiguo que es hostil y tangible. Ninguna de las criaturas míticas se siente demasiado computarizadas o estilizadas, sino que emulan la “suciedad” o rusticidad de los efectos especiales de Ray Harryhausen.
En tres horas que no se sienten, Christopher Nolan consigue transformar uno de los relatos más conocidos de la civilización occidental en una experiencia cinematográfica grandiosa y personal. A Odiseo le preocupa volver a casa, pero también le preocupa qué tipo de hombre será al llegar. Disponible en salas.








