VANCOUVER — El Downtown Eastside de Vancouver continúa siendo uno de los lugares más visibles de la crisis de drogas y salud mental en Canadá, con consumo de sustancias en espacios públicos, personas en situación de calle, edificios deteriorados y una comunidad que durante años ha enfrentado altos niveles de pobreza y muertes relacionadas con drogas tóxicas.
La situación ha vuelto al centro del debate político y social en Vancouver, donde los residentes votarán el próximo 17 de octubre en un plebiscito no vinculante que plantea dos preguntas: si la ciudad debe fortalecer sus normas contra el consumo abierto de drogas duras en espacios públicos y si debe pedir a British Columbia la creación de una instalación médica segura con al menos 100 camas para tratamiento voluntario e involuntario de personas con graves problemas de adicción o salud mental.
El alcalde Ken Sim ha defendido la consulta como una manera de responder al desorden callejero y a las preocupaciones de seguridad. Sin embargo, organizaciones comunitarias y defensores de reducción de daños sostienen que las medidas coercitivas por sí solas no resolverán una crisis vinculada también con falta de vivienda, pobreza, enfermedades mentales y acceso insuficiente a tratamiento.
Los datos oficiales muestran que, aunque las muertes por toxicidad de drogas disminuyeron en British Columbia durante 2025, la emergencia continúa.
El BC Coroners Service reportó 1,826 muertes por toxicidad de drogas no reguladas en 2025, una reducción aproximada de 21% frente al año anterior. Durante junio de 2026 se registraron otras 138 muertes, equivalentes a alrededor de 4.6 fallecimientos diarios.
Las autoridades señalan que Vancouver Coastal Health y Fraser Health continúan concentrando una parte importante de las muertes registradas en la provincia.
La composición de las drogas ilícitas también está cambiando. El BC Centre for Disease Control ha advertido sobre la presencia creciente de medetomidina, un potente sedante veterinario que está siendo mezclado con opioides como fentanyl.
Esta sustancia puede provocar disminución severa del ritmo cardíaco, alteraciones de la presión arterial y sedación prolongada, aumentando los riesgos para quienes consumen drogas de procedencia desconocida.
El problema del Downtown Eastside no es nuevo. Durante décadas, la zona ha concentrado hoteles de ocupación individual, viviendas de bajos ingresos, servicios sociales, centros de reducción de daños y una población vulnerable que incluye personas con problemas de adicción y enfermedades mentales.
Al mismo tiempo, residentes y comerciantes han expresado preocupación por delitos, violencia, consumo abierto de drogas y deterioro de espacios públicos.
La tensión entre seguridad pública y salud pública continúa marcando el debate.
Quienes apoyan enfoques de reducción de daños defienden los sitios de prevención de sobredosis, acceso a naloxona y servicios de salud como herramientas para mantener a las personas con vida mientras buscan tratamiento. Otros consideran que se necesita ampliar considerablemente el acceso a recuperación, tratamiento obligatorio en casos extremos y controles más estrictos sobre el consumo de drogas en espacios públicos.
La provincia ha reconocido que Vancouver continúa teniendo algunas de las tasas más altas de muertes relacionadas con drogas no reguladas en British Columbia.
La discusión que enfrenta Vancouver no tiene una solución sencilla. Para las autoridades, especialistas y organizaciones comunitarias, el desafío consiste en reducir las muertes, mejorar la seguridad de los vecindarios y ofrecer caminos reales hacia tratamiento, vivienda y recuperación.
Detrás de las estadísticas existen miles de personas y familias afectadas por una crisis que, después de más de una década, continúa exigiendo respuestas más efectivas y sostenibles.









