El primer ministro Mark Carney confirmó que su gobierno ha considerado durante el último año la posibilidad, aunque extremadamente remota, de que Estados Unidos pudiera emprender una acción militar contra Canadá, en medio de una relación bilateral marcada por tensiones comerciales y por las reiteradas declaraciones del presidente Donald Trump sobre convertir al país en el “estado 51”.
Carney abordó el tema durante una entrevista con The New York Times, según informó The Globe and Mail. El primer ministro describió una eventual acción militar estadounidense como un “extreme tail risk”, expresión utilizada en finanzas para referirse a acontecimientos muy poco probables, pero cuyas consecuencias podrían ser extraordinariamente graves.
El primer ministro aclaró que este escenario no constituye la expectativa normal de su gobierno. Su análisis, explicó, responde a un ejercicio de gestión de riesgos. Desde su perspectiva, quienes ocupan cargos de responsabilidad deben considerar incluso escenarios extremos y preparar posibles respuestas.
The Globe and Mail había informado anteriormente que las Fuerzas Armadas Canadienses desarrollaron un modelo conceptual sobre cómo podría producirse una hipotética incursión militar estadounidense y cuáles serían las opciones de Canadá para responder. Un modelo militar de este tipo no equivale a un plan operativo ni significa que las autoridades esperen que el escenario se produzca.
La información cobra especial relevancia en momentos en que Ottawa y Washington atraviesan una compleja disputa comercial. Trump ha utilizado en diferentes ocasiones la expresión “estado 51” al hablar de Canadá y previamente señaló que estaría dispuesto a emplear “fuerza económica” para impulsar una mayor integración política entre ambos países.
Canadá y Estados Unidos mantienen, al mismo tiempo, una de las relaciones de defensa más estrechas del mundo. Ambos países son miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y socios del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte, NORAD, responsable de la vigilancia y defensa aérea conjunta del continente.
Las revelaciones sobre los ejercicios de contingencia no indican que exista evidencia de una acción militar estadounidense inminente. Más bien, muestran que el gobierno canadiense ha incorporado escenarios excepcionalmente graves dentro de su planificación estratégica.
Carney, quien antes de ingresar a la política fue gobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra, ha utilizado precisamente el lenguaje de gestión de riesgos para explicar esa preparación. Su posición es que un escenario puede ser altamente improbable y, aun así, requerir que un gobierno examine sus posibles consecuencias.
La discusión refleja hasta qué punto las tensiones políticas y comerciales entre Ottawa y Washington han obligado a Canadá a reconsiderar riesgos que durante décadas habrían parecido prácticamente impensables entre dos aliados históricos.











