El primer ministro Mark Carney está impulsando una relación económica y estratégica mucho más estrecha entre Canadá y la Unión Europea, aunque aclaró que Ottawa no busca convertirse formalmente en miembro del bloque.
La controversia comenzó después de que The Wall Street Journal informara que Carney había explorado con dirigentes europeos la posibilidad de crear una categoría inédita de “miembro asociado” que permitiría a Canadá integrarse mucho más profundamente al mercado europeo sin convertirse en miembro pleno de la Unión Europea.
El domingo, sin embargo, Carney precisó que Canadá no está buscando membresía y describió el objetivo como una “alianza única” basada en intereses y valores compartidos. Una fuente de alto nivel del gobierno canadiense dijo posteriormente a CTV News que Canadá no busca pertenecer a la UE “en ninguna capacidad” y que la descripción de una posible membresía asociada sobrestima las conversaciones en curso.
Lo que sí está ocurriendo es una aceleración del acercamiento entre Ottawa y Bruselas en comercio, defensa, inteligencia artificial, minerales críticos, energía y movilidad laboral.
El interés canadiense ha aumentado considerablemente mientras continúa el deterioro de las relaciones comerciales con Estados Unidos. La guerra arancelaria con Washington ha llevado al gobierno de Carney a buscar nuevos mercados y reducir la histórica dependencia canadiense del comercio estadounidense.
Canadá ya cuenta con una base importante para profundizar esa relación. El Comprehensive Economic and Trade Agreement, CETA, se aplica provisionalmente desde 2017. Desde entonces, el comercio bilateral de bienes y servicios entre Canadá y la Unión Europea aumentó aproximadamente 80%, alcanzando €130 mil millones en 2025. La UE es actualmente el segundo socio comercial de Canadá después de Estados Unidos.
En junio de 2025, Canadá y la Unión Europea también firmaron una nueva Security and Defence Partnership, destinada a ampliar la cooperación en industria militar, ciberseguridad, movilidad de fuerzas, protección de infraestructura crítica, apoyo a Ucrania y tecnologías emergentes.
Según el reporte del Wall Street Journal, algunas de las ideas que se estudian incluyen mayor integración de cadenas de suministro, proyectos conjuntos de infraestructura, cables submarinos entre Canadá y Europa, centros de datos, cooperación energética y mecanismos que faciliten el movimiento de trabajadores en sectores estratégicos. Pero ninguna de esas iniciativas equivale, por ahora, a membresía formal dentro de la Unión Europea.
El próximo paso será particularmente significativo. Carney viajará a Estrasburgo, Francia, del 15 al 17 de septiembre, donde pronunciará un discurso ante el Parlamento Europeo, asistirá al discurso sobre el Estado de la Unión de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y sostendrá reuniones con legisladores europeos. Después viajará al Reino Unido.
La estrategia representa un cambio importante en la política económica canadiense. Durante décadas, la proximidad con Estados Unidos convirtió a Washington en el socio comercial dominante de Canadá. La actual disputa arancelaria está obligando a Ottawa a acelerar una diversificación que gobiernos anteriores habían intentado durante años.
Más que buscar una bandera europea para Canadá, Carney parece estar intentando construir algo diferente: una relación transatlántica excepcionalmente cercana que permita al país acceder a nuevos mercados, inversiones y alianzas estratégicas sin renunciar a su soberanía ni convertirse formalmente en miembro de la Unión Europea.











