El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, concluyeron este jueves 24 de septiembre una esperada reunión en la Casa Blanca que permitió prolongar temporalmente la tregua comercial entre las dos mayores economías del mundo, aunque dejó sin resolver varias de las principales diferencias en comercio, tecnología y seguridad.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, informó que Washington y Beijing acordaron extender por dos meses el acuerdo comercial que puso fin a la confrontación arancelaria del año pasado y que estaba previsto que expirara en noviembre. La decisión mantiene por ahora tasas arancelarias más bajas, pero aplaza nuevamente las negociaciones sobre aranceles, compras de productos estadounidenses, minerales de tierras raras y restricciones tecnológicas.
Según Bessent, China ha cumplido su compromiso anterior de adquirir 25 millones de toneladas de soya estadounidense, pero se encuentra rezagada en la compra de otros US$17.000 millones en productos agrícolas. Funcionarios estadounidenses también han señalado dificultades en el suministro de tierras raras, materiales esenciales para numerosas industrias tecnológicas y manufactureras.
Taiwán volvió a ocupar un lugar importante en las conversaciones. De acuerdo con la agencia oficial china, Xi pidió a Washington manejar el tema con “prudencia” y expresó su deseo de que Estados Unidos se oponga a la independencia taiwanesa. La posición estadounidense tradicional establece que Washington no “apoya” la independencia de Taiwán, una formulación distinta. Hasta el cierre de la reunión no había indicios de que la administración Trump hubiera modificado oficialmente esa política.
Xi también planteó la necesidad de evitar que la competencia estratégica entre ambas potencias termine en un conflicto militar. El mandatario chino pidió mantener canales regulares de comunicación entre las fuerzas armadas y fortalecer mecanismos destinados a prevenir crisis. Trump, por su parte, destacó las áreas en las que ambos países podrían cooperar a pesar de sus diferencias.
Otro punto de contraste fue la inteligencia artificial. Trump ha defendido una aproximación con menos nuevas restricciones regulatorias y ha señalado que las leyes estadounidenses existentes pueden utilizarse para enfrentar posibles abusos. Xi sostuvo, en cambio, que Estados Unidos y China, como dos de los países líderes en esta tecnología, tienen responsabilidad en garantizar que su desarrollo permanezca bajo control humano y sea utilizado en beneficio de la sociedad.
La visita estuvo acompañada por una elaborada recepción oficial en Washington, con ceremonias militares y una cena de Estado en la Casa Blanca.
Más allá del protocolo, la principal consecuencia inmediata de la cumbre fue ganar tiempo. La tregua comercial evita por ahora una nueva escalada, pero los asuntos más complejos entre Washington y Beijing continúan pendientes y deberán regresar a la mesa de negociación en los próximos meses.











