El primer ministro Mark Carney y varios líderes occidentales recibieron positivamente el nuevo acuerdo alcanzado entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia para reforzar la seguridad del territorio ártico sin modificar su soberanía.
El pacto, anunciado por el presidente Donald Trump el viernes y previsto para ser firmado durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, permitirá ampliar significativamente la presencia militar estadounidense en Groenlandia y reforzar la seguridad del Ártico. Dinamarca y Groenlandia, sin embargo, han subrayado que el acuerdo no implica una transferencia de soberanía ni convierte al territorio en posesión estadounidense.
Trump presentó el acuerdo como una victoria para Washington y aseguró que Estados Unidos tendrá “control permanente” sobre las necesidades de seguridad en Groenlandia. Las autoridades danesas y groenlandesas describieron el pacto de manera más limitada, señalando que preserva la integridad territorial del Reino de Dinamarca y el derecho del pueblo groenlandés a decidir su propio futuro.
La diferencia de lenguaje es significativa.
Durante meses, Trump había sostenido públicamente que Estados Unidos necesitaba controlar Groenlandia por razones de seguridad económica y militar e incluso se había negado a descartar el uso de la fuerza para obtenerla. Esas declaraciones provocaron una fuerte reacción en Europa y preocupación dentro de la OTAN, ya que Dinamarca es miembro de la alianza militar.
El nuevo entendimiento permite a Washington aumentar su capacidad militar sin necesidad de adquirir el territorio.
Estados Unidos ya mantiene presencia en la isla a través de la Pituffik Space Base, instalación estratégica utilizada para vigilancia espacial y sistemas de alerta temprana de misiles. El nuevo acuerdo permitiría desarrollar una presencia estadounidense mayor y restringir el establecimiento de fuerzas militares o inversiones estratégicas consideradas hostiles.
Canadá ha reaccionado favorablemente.
El ministro de Defensa, David McGuinty, calificó el acuerdo como “alentador” y dijo que demuestra que los países árticos y los aliados de la OTAN están comenzando a asumir colectivamente una mayor responsabilidad por la seguridad de la región.
Carney también ha insistido recientemente en la importancia de reforzar la cooperación entre democracias occidentales y fortalecer la seguridad del Ártico, particularmente mientras Rusia y China aumentan su actividad económica y militar en la región.
El acuerdo tiene especial interés para Canadá porque el país comparte con Groenlandia una extensa zona ártica y enfrenta muchos de los mismos desafíos: rutas marítimas emergentes por el deshielo, minerales críticos, infraestructura limitada y creciente competencia entre grandes potencias.
Dinamarca sostiene que la seguridad de Groenlandia no debe recaer exclusivamente sobre Copenhague o Washington. El ministro danés de Relaciones Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, señaló este lunes que el nuevo acuerdo reconoce que la OTAN en su conjunto tiene responsabilidad sobre la seguridad del Ártico.
La primera ministra danesa Mette Frederiksen también describió el acuerdo como beneficioso para Estados Unidos, Groenlandia, Dinamarca, Europa y la OTAN, aunque advirtió que deberán respetarse las “líneas rojas” relacionadas con soberanía y autodeterminación.
El gobierno de Groenlandia ha dado igualmente su respaldo, pero mantiene una posición clara: cualquier cooperación de seguridad debe respetar los intereses de la población local y su derecho a decidir sobre el futuro político del territorio.
El acuerdo todavía necesita aprobación parlamentaria en Dinamarca y Groenlandia antes de entrar plenamente en vigor.
Para Canadá y otros aliados occidentales, el principal resultado es que una disputa que amenazaba con dividir profundamente a la OTAN se ha trasladado desde el terreno de las amenazas territoriales hacia un acuerdo de cooperación militar.
La creciente importancia estratégica del Ártico significa que este probablemente no será el último debate sobre Groenlandia. Pero, por ahora, el acuerdo ofrece una salida que permite a Estados Unidos ampliar su presencia militar mientras Dinamarca y Groenlandia mantienen formalmente la soberanía sobre el territorio.











