El primer ministro Mark Carney confirmó este martes que Canadá y la Unión Europea están discutiendo posibles cambios en las reglas de visas y movilidad como parte de una negociación mucho más amplia destinada a construir una relación económica y estratégica más profunda entre ambos lados del Atlántico.
Carney hizo los comentarios en Toronto poco antes de viajar a Francia, donde esta semana se dirigirá al Parlamento Europeo en Estrasburgo. Preguntado sobre la posibilidad de facilitar el movimiento de personas entre Canadá y los 27 países de la Unión Europea, respondió que los cambios en las reglas de viaje son una “posibilidad”, aunque aclaró que representan apenas una parte de conversaciones mucho más extensas.
Las discusiones podrían eventualmente facilitar que canadienses vivan, trabajen o estudien durante períodos prolongados en países europeos sin tener que pasar por algunos de los actuales procesos de visado. Una fuente canadiense familiarizada con las conversaciones indicó a Associated Press que Ottawa está interesada en explorar un acuerdo que otorgue mayor movilidad a trabajadores y estudiantes, aunque todavía no existe un modelo definido ni una propuesta final.
Es importante distinguir esta posibilidad del turismo tradicional. Los ciudadanos canadienses ya pueden visitar gran parte del espacio Schengen europeo sin una visa convencional para estadías cortas. Las conversaciones actuales apuntan a algo potencialmente mucho más amplio: facilitar el derecho a trabajar, estudiar o residir, dependiendo del acuerdo que eventualmente negocien ambas partes.
Carney ha insistido en que Canadá no pretende convertirse en miembro de la Unión Europea. Su gobierno está buscando lo que denomina una “alianza única” basada en intereses compartidos en comercio, defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, investigación y relaciones entre ciudadanos.
La iniciativa adquiere especial importancia en momentos en que Canadá intenta disminuir su elevada dependencia económica de Estados Unidos. Aproximadamente 70% de las exportaciones canadienses siguen teniendo como destino el mercado estadounidense, mientras la actual guerra comercial con Washington ha llevado a Ottawa a acelerar acuerdos e inversiones con Europa y Asia.
La Unión Europea ya es el segundo socio comercial de Canadá después de Estados Unidos. El comercio bilateral de bienes y servicios alcanzó aproximadamente €130 mil millones en 2025, y ambos socios cuentan desde 2017 con el acuerdo comercial CETA, aunque éste todavía no ha sido ratificado completamente por todos los estados miembros europeos.
Las conversaciones también incluyen cooperación en defensa, energía limpia, infraestructura digital y minerales críticos. Canadá ingresó recientemente a mecanismos europeos de adquisición de defensa y ambas partes estudian proyectos que podrían incluir centros de datos, nuevas conexiones transatlánticas y cadenas de suministro estratégicas.
Carney señaló que las negociaciones avanzarán hacia una nueva etapa durante la próxima cumbre Canadá-Unión Europea, prevista para finales de octubre en Montreal, aunque advirtió que no debe esperarse un gran acuerdo inmediato.
Por ahora, por tanto, no existe todavía un nuevo programa de viaje o trabajo sin visa que los canadienses puedan solicitar. Lo que existe es una negociación que podría eventualmente ofrecer a ciudadanos canadienses y europeos una movilidad significativamente mayor.
De concretarse, sería uno de los cambios más visibles de la nueva estrategia internacional de Canadá: no solamente vender más productos y atraer inversiones de Europa, sino también acercar de manera mucho más directa a trabajadores, estudiantes, profesionales y familias de ambos lados del Atlántico.











