El movimiento “Buy Canadian” está cobrando nueva fuerza en todo el país mientras la disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos continúa deteriorándose, llevando a miles de consumidores a revisar etiquetas, cambiar marcas e incluso pagar más para evitar productos estadounidenses.
Lynn Henderson, una residente de British Columbia entrevistada por TIME, explica que buscar la etiqueta “Made in Canada” se ha convertido en parte de la rutina familiar. Incluso su pequeño hijo pregunta si las frutas que colocan en el carrito son canadienses. Henderson reconoce que algunas alternativas locales pueden resultar más costosas, pero considera importante que el dinero permanezca dentro de la economía canadiense.
Su experiencia refleja una tendencia mucho más amplia. Una encuesta de Build Canada realizada entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre encontró que 69% de los participantes estaba eligiendo productos canadienses aun cuando costaran más, mientras 55% afirmó haber dejado de comprar determinadas marcas estadounidenses.
El movimiento comenzó a fortalecerse en 2025 tras las primeras medidas arancelarias de Donald Trump, pero ha adquirido nuevo impulso después del fracaso de las negociaciones comerciales entre Ottawa y Washington y de la reciente ronda de aranceles y contraaranceles.
El propio primer ministro Mark Carney ha pedido a los ciudadanos que utilicen su poder adquisitivo para respaldar la economía nacional, señalando que comprar productos canadienses y viajar dentro del país son decisiones que los hogares pueden tomar directamente.
La reacción de los consumidores ya está modificando el comportamiento de los supermercados.
En Ontario, Vince’s Market, que opera cuatro establecimientos en el GTA, ha llevado la proporción de frutas y vegetales canadienses en sus tiendas hasta aproximadamente 90%. La compañía está comprando, por ejemplo, fresas de Quebec en lugar de proveedores estadounidenses después de recibir comentarios de clientes preocupados por el origen de los alimentos.
Grandes cadenas también están reaccionando. Loblaw volvió a instalar prominentemente símbolos de la hoja de arce para identificar productos canadienses y etiquetas especiales para señalar artículos afectados por aranceles. Metro, por su parte, ha dicho que continuará priorizando productos locales.
Los cambios también aparecen en las estadísticas comerciales. Estados Unidos continúa siendo el principal proveedor extranjero de productos frescos para Canadá, pero su participación en las importaciones canadienses de vegetales cayó a 62.6% en julio, frente a 69% en el mismo mes de 2023. Supermercados están incorporando más productos provenientes de países como España, Brasil, Sudáfrica, Honduras y Marruecos.
El fenómeno va mucho más allá del carrito del supermercado.
Un análisis del Banco de Canadá encontró que los canadienses realizaron cerca de 10 millones menos de viajes a Estados Unidos en 2025 que en 2024, una reducción de 25%. Los viajes terrestres disminuyeron 30% y los realizados por vía aérea 12%. El banco también detectó un traslado persistente del gasto en alimentos desde productos vinculados a empresas estadounidenses hacia alternativas canadienses.
Incluso las empresas están adaptando su estrategia. Statistics Canada encontró que 16.6% de los negocios había modificado sus prácticas de mercadeo para promover productos canadienses, porcentaje que fue considerablemente mayor entre los comercios minoristas.
No siempre resulta sencillo. Canadá depende de importaciones para numerosos alimentos durante el invierno y en sectores como tecnología existen pocas alternativas nacionales. Algunos consumidores entrevistados reconoccen que mantienen productos estadounidenses cuando no encuentran un reemplazo adecuado o cuando la diferencia de precio es demasiado elevada.
Aun así, analistas consideran que parte del cambio podría sobrevivir incluso después de una eventual solución de la disputa comercial. Nuevos proveedores están entrando al mercado y Canadá está invirtiendo aproximadamente $3 mil millones durante una década para ampliar invernaderos y producción agrícola bajo techo.
Lo que comenzó como una respuesta simbólica a los aranceles se está convirtiendo así en algo mucho más profundo: una reconsideración de dónde compran los canadienses, dónde viajan y qué empresas desean respaldar con su dinero.











