La escalada del conflicto en Medio Oriente está encareciendo la gasolina y otros combustibles para los consumidores, pero al mismo tiempo podría generar miles de millones de dólares adicionales para la economía canadiense y compensar parte de las pérdidas provocadas por la guerra comercial con Estados Unidos.
Canadá es uno de los mayores productores y exportadores de petróleo del mundo y suministra más del 60% del crudo que importa Estados Unidos. Por esa razón, cuando los precios internacionales aumentan, las compañías energéticas canadienses reciben mayores ingresos por sus exportaciones y los gobiernos recaudan más mediante impuestos y regalías.
El efecto podría ser considerable. Tyler Meredith, exasesor económico del gobierno federal, señaló a CBC News que cada aumento de US$10 en el precio de un barril de petróleo puede generar aproximadamente $2 mil millones adicionales en ingresos para Ottawa.
Economistas citados por CBC estiman que un aumento de US$20 por barril podría agregar entre $12 mil millones y $24 mil millones a la economía canadiense. Mantener el petróleo cerca de US$100 en lugar de US$80 podría impulsar el PIB nacional entre aproximadamente 0.5% y 1%, equivalente a unos $16 mil millones a $32 mil millones anuales.
El Departamento de Finanzas de Canadá también ha estudiado este escenario. Sus cálculos muestran que si el West Texas Intermediate promediara alrededor de US$80 durante 2026, frente a los US$73 contemplados previamente, el PIB nominal sería aproximadamente $17 mil millones mayor y el saldo presupuestario federal mejoraría alrededor de $1.9 mil millones.
El beneficio potencial adquiere relevancia precisamente cuando Canadá enfrenta nuevos aranceles estadounidenses. Scotiabank calcula que la actual ronda de tarifas podría reducir el nivel del PIB canadiense aproximadamente 0.4%, incluyendo el efecto de las represalias de Ottawa.
En otras palabras, si los precios del petróleo permanecen suficientemente elevados, las ganancias adicionales del sector energético podrían compensar a nivel nacional una parte considerable del daño causado por los aranceles, aunque los beneficios y las pérdidas no recaerían necesariamente sobre las mismas industrias, regiones o trabajadores.
Alberta es uno de los ejemplos más claros. La provincia había proyectado inicialmente un déficit de aproximadamente $9.4 mil millones, pero el aumento de los ingresos petroleros ha transformado radicalmente sus perspectivas fiscales y las proyecciones más recientes apuntan ahora a un posible superávit cercano a $2 mil millones.
Las empresas también están obteniendo mayores ganancias. El economista Jim Stanford, director del Centre for Future Work, estimó que las utilidades después de impuestos de la industria canadiense de petróleo y gas prácticamente se duplicaron durante el segundo trimestre, hasta aproximadamente $23 mil millones, después del primer fuerte aumento del crudo provocado por el conflicto en Medio Oriente.
La ventaja canadiense podría fortalecerse todavía más si compradores internacionales buscan suministros alejados de zonas geopolíticamente inestables. Productores de Asia ya están recurriendo con mayor frecuencia al petróleo canadiense transportado a través del sistema Trans Mountain, mientras la industria proyecta un crecimiento importante de las exportaciones hacia ese continente.
Sin embargo, los altos precios del petróleo también tienen costos importantes. La gasolina, el diésel, el transporte y numerosos productos se encarecen, aumentando la presión sobre hogares y empresas. Statistics Canada informó este lunes que la inflación se mantuvo en 3% en agosto, mientras la gasolina costó 22.8% más que un año antes.
El panorama se ha vuelto todavía más volátil. Este lunes el Brent llegó a aproximadamente US$107.82 por barril, mientras el WTI alcanzó US$102.82 después de un ataque que obligó a cerrar temporalmente un importante oleoducto saudita.











