La posible vuelta de vinos, cervezas y licores estadounidenses a las tiendas provinciales no parece suficiente para recuperar inmediatamente a los consumidores canadienses.
Una encuesta de Nanos Research encargada por CTV News encontró que 74 por ciento de los canadienses afirma que sería poco o nada probable que comprara alcohol estadounidense si estos productos regresan a los estantes. El rechazo incluso aumentó ligeramente frente al 70 por ciento registrado en una medición realizada a finales de 2025.
Dentro de ese 74 por ciento, 69 por ciento dijo directamente que no sería probable que comprara productos estadounidenses y otro 5 por ciento respondió que sería poco probable. Apenas 10 por ciento dijo que sí sería probable adquirirlos y 6 por ciento se declaró algo probable.
La resistencia es particularmente fuerte entre los consumidores mayores. Entre los canadienses de 55 años o más, 75 por ciento dijo que directamente no compraría alcohol estadounidense, frente a 60 por ciento entre quienes tienen entre 18 y 34 años.
La encuesta fue realizada entre el 28 y el 30 de julio entre 1,104 adultos canadienses y tiene un margen de error de más o menos tres puntos porcentuales, 19 veces de cada 20.
El dato adquiere especial importancia porque las restricciones provinciales a la venta de alcohol estadounidense se han convertido en uno de los puntos más sensibles de las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos.
La mayoría de las provincias retiró productos estadounidenses de sus tiendas de licores durante 2025 como respuesta a los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump. Alberta y Saskatchewan fueron las principales excepciones.
Las consecuencias para los productores estadounidenses han sido significativas. Entre 2024 y 2026, las exportaciones de vino de Estados Unidos hacia Canadá cayeron alrededor de 78 por ciento, equivalente a una pérdida aproximada de US$357 millones, según datos de la industria estadounidense. Las ventas de bebidas espirituosas también se desplomaron rápidamente después de que comenzaron los boicots provinciales.
Washington ha señalado repetidamente las restricciones sobre alcohol como una medida discriminatoria y las incluyó entre sus principales reclamos dentro de la actual disputa comercial.
El primer ministro Mark Carney ha pedido a los premiers que consideren volver a colocar productos estadounidenses en las tiendas si Canadá logra finalizar un acuerdo comercial con Washington. El premier de Nova Scotia, Tim Houston, confirmó públicamente que Carney hizo esa solicitud durante conversaciones con las provincias.
Algunos gobiernos provinciales han mostrado disposición a considerar el cambio, pero con condiciones.
El premier de Manitoba, Wab Kinew, dijo que su provincia no estaba anunciando todavía el regreso de los productos estadounidenses y advirtió que cualquier decisión dependería de que Washington cumpla sus compromisos comerciales. También dejó abierta la posibilidad de retirar nuevamente los productos si reaparecen nuevas medidas arancelarias.
Ontario también ha señalado que podría reconsiderar su posición si Estados Unidos reduce aranceles que afectan sectores como acero, automóviles y manufactura.
La diferencia entre las decisiones gubernamentales y el comportamiento de los consumidores podría convertirse ahora en un nuevo desafío.
Aunque una provincia permita nuevamente la venta de bourbon estadounidense, vinos de California o cervezas importadas, los gobiernos no pueden obligar a los consumidores a comprarlos.
El boicot parece haber evolucionado así desde una decisión política temporal hacia un cambio de hábitos para una parte importante de la población.
Durante los últimos meses, campañas de “Buy Canadian” han llevado a muchos consumidores a descubrir vinos, cervezas y destilados producidos dentro del país o provenientes de otros mercados. Algunos comerciantes señalan que recuperar la participación perdida podría tomar tiempo incluso si desaparecen todas las restricciones formales.
El resultado de la encuesta sugiere que resolver la disputa entre Ottawa y Washington podría ser más sencillo que reconstruir la confianza del consumidor.
Los productos estadounidenses pueden regresar a los estantes por decisión política, pero que regresen también a los carritos de compra dependerá ahora de los propios canadienses.









