El Volcán de Fuego, uno de los más activos de Centroamérica, registró una nueva fase eruptiva en Guatemala que obligó a las autoridades a evacuar preventivamente a residentes de comunidades cercanas ante el aumento de explosiones, ceniza y peligrosos flujos piroclásticos.
La actividad se intensificó el 4 de agosto, cuando el volcán comenzó a expulsar columnas de ceniza y material incandescente mientras corrientes de gas, roca y ceniza a altas temperaturas descendían por varias de sus barrancas. Las autoridades elevaron el nivel de alerta y comenzaron a trasladar familias hacia refugios temporales.
Los flujos piroclásticos fueron observados en al menos cinco barrancas. Este tipo de fenómeno es especialmente peligroso porque puede desplazarse rápidamente por las laderas y alcanzar temperaturas capaces de provocar lesiones graves, incendios y destrucción de viviendas y cultivos.
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala inició evacuaciones en comunidades ubicadas alrededor del volcán, mientras equipos de emergencia permanecían desplegados para ampliar los traslados si la actividad continuaba aumentando. Cientos de personas fueron movilizadas hacia albergues como medida preventiva.
Las imágenes de la erupción mostraron densas columnas de ceniza elevándose sobre el cráter y material volcánico descendiendo por las laderas. La caída de ceniza también generó preocupación por posibles efectos sobre la calidad del aire, los cultivos y la visibilidad en carreteras cercanas.
El Volcán de Fuego se encuentra aproximadamente a 45 kilómetros al suroeste de Ciudad de Guatemala, entre los departamentos de Chimaltenango, Escuintla y Sacatepéquez. Su cercanía a numerosas poblaciones obliga a mantener una vigilancia permanente debido a sus frecuentes explosiones y emisiones de ceniza.
Guatemala cuenta con varios volcanes activos, pero Fuego es uno de los que presenta actividad eruptiva con mayor regularidad. Desde hace años registra explosiones, avalanchas incandescentes, flujos de lava y emisiones de ceniza como parte de su comportamiento habitual.
Sin embargo, determinadas fases pueden convertirse rápidamente en episodios de mayor peligro. En junio de 2018, una violenta erupción del mismo volcán dejó más de un centenar de muertos y comunidades enteras quedaron cubiertas por material volcánico, una tragedia que continúa muy presente en la memoria del país.
Las autoridades han pedido a los residentes seguir únicamente instrucciones oficiales, respetar las zonas restringidas y evitar acercarse a las barrancas, donde pueden descender flujos piroclásticos y, durante períodos de lluvia, lahares formados por ceniza, rocas, agua y otros escombros.
También se mantiene vigilancia sobre la dispersión de ceniza debido a los posibles efectos sobre el tráfico aéreo. En eventos anteriores, el material volcánico ha alcanzado alturas suficientes para obligar a las autoridades de aviación civil a emitir advertencias o modificar operaciones.
Por el momento, las evacuaciones son preventivas y las autoridades continúan monitoreando la evolución del volcán. La prioridad, señalaron los organismos de emergencia, es evitar que las comunidades permanezcan expuestas si se produce una nueva escalada eruptiva







