Alireza Khatami, director de la película “The Things You Kill”, contó a El Centro Newspaper sobre la odisea de ser un refugiado iraní filmando una película canadiense, hablada en turco, y hecha en Turquía. Además, comentó sobre su vida como exiliado, y su primer trabajo como director en Latinoamérica.
Por Raúl A. Pinto
Lea aquí el comentario de cine de “The Things You Kill”.
Apenas nos conectamos en la llamada de Zoom, el director Alireza Khatami (se pronuncia con una jota suave, “jatami”), se apresura a contarme con mucho entusiasmo que su primera película la hizo en Chile. Mi poca preparación respecto a su filmografía, tan breve como notable, me dio vergüenza ajena al darme cuenta que no sólo fue su primera película, también fue un verdadero éxito en festivales, ganando dos premios en el Festival de Cine de Venecia el 2017, y protagonizada por monstruos de la actuación de Chile: Julio Jung, Amparo Noguera, Luis Dubó y otros.
Khatami es un refugiado iraní, perteneciente a la etnia indígena Khamse. Según su biografía oficial, él carga con “la tradición oral de contar historias” de su tribu a través de su cine. La sorpresa fue saber que él también se vio gratamente impresionado durante su estadía en Francia por el cine que los exiliados latinoamericanos habían hecho allí. Ahora nacionalizado canadiense, nos trae la brillante y entretenida “The Things You Kill”, que se ha mantenido en la cartelera canadiense por varias semanas, fue la candidata de Canadá para los Oscars a la Mejor Película Internacional, y fue recientemente nominada a tres Canadian Screen Awards a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión.

¿Podrías contarme un poco sobre tu experiencia en América Latina y por qué hiciste tu película allí?
He estado viviendo en el exilio por mucho tiempo, y una de las primeras comunidades artísticas que se enfrentó a la cuestión del exilio fueron los chilenos, especialmente los cineastas chilenos que se fueron a Europa, y algunos de ellos causaron bastante impacto, especialmente en Francia. Ellos fueron una inspiración para mí. Cuando me fui al exilio, pensé que aún podía mantener una carrera como cineasta. Y cuando llegó el momento de hacer una película, aunque no tenía un hogar a donde ir a filmarla, me comuniqué con los chilenos. Les dije: ustedes saben lo que es el exilio, ¿pueden adoptarme y dejarme ir allá? Y junto a ustedes contar una historia. Así que fui a Santiago, a Valparaíso y a ciudades cercanas. Fue una coproducción internacional, y se hablaban ocho idiomas en el set. Fue una de las experiencias más hermosas de mi vida. Hubo un gran apoyo en el set por parte de la comunidad chilena y de todos los demás.
Hablemos de “The Things You Kill”. Por favor, cuéntale al público de qué trata la película.
“The Things You Kill” es un thriller psicológico que te lleva al límite de querer dejar la sala de cine. Y aun así, tan pronto como quieres irte, te arrastra de nuevo. Esa es una experiencia que hoy en día yo mismo echo de menos. (La película) se trata de Ali, quien a primera vista parece tener su vida en orden. Estudia en Estados Unidos, es profesor y tiene una buena vida. Pero pronto vemos los problemas. Su recuento de esperma es bajo, así que no puede tener un hijo. Su madre está enferma, y su trabajo es precario. Y tan pronto como su madre muere en circunstancias cuestionables, su vida comienza a desmoronarse. Tiene que enfrentar preguntas difíciles y decisiones difíciles.
La historia en la película cambia, como en “Parasite” o “El sexto sentido”. Aquí también hay un giro. ¿Cómo construiste el guion para crear ese giro?
Lo que queríamos era llevar al público poco a poco a bordo (de la historia), para que entren al cine pensando “ya sé qué tipo de película es esta, es un drama social realista sobre un hombre que tiene que descubrir quién mató a su madre”. Entonces te damos la bienvenida a través de esa puerta, y dejamos que construyas una conexión emocional hasta justo la mitad. Desde ahí le quité el piso al público, y durante diez o quince segundos está completamente desorientado, pensando qué acaba de pasar. Ahí tienen una elección: pueden salir de la sala o darme una segunda oportunidad. Una vez que se quedan un par de minutos más, los llevamos a un viaje que no han experimentado en el cine, y vamos juntos a territorios inexplorados.
También se siente esa desorientación, muy Lynchiana. Y ahora que hablas de cineastas exiliados, también me recuerda a Raúl Ruiz y algunas de sus películas.
Así es.
Es de esas películas donde hay cosas que solo debes abrazar y lanzarte dentro de la historia. Solo disfrutarla, y quizá si haces menos preguntas, la vas a disfrutar más. ¿Sentiste que el público se confundió tratando de entenderla?
Nadie salió del cine, todos se quedaron.
Misión cumplida.
Misión cumplida. No es el tipo de película que ves y luego sales riéndote. Es una película de la que sales diciendo “tengo que ir a casa. Necesito salir de aquí. No sé qué fue esto, pero necesito mirarme al espejo”. Creo que lo logramos al dar al público la oportunidad de desafiarse a sí mismos. Me encantan las películas que me tratan como un participante inteligente y no solo como un consumidor.
El thriller se ha usado mucho últimamente para contar historias sobre hombres. ¿Buscaste explorar temas de masculinidad, o la historia llevó esos temas por sí sola?
No busqué en el cine inspiración ni intenté contar una historia. Mi enfoque fue mirarme a mí mismo. Me di cuenta de que hay rincones oscuros en mi alma que nunca había visto. Y me pregunté si tuve la misma infancia que mis hermanas, la misma crianza. Y tan pronto como empecé (a moverme) en esa dirección, la historia surgió orgánicamente. Las preguntas sobre masculinidad, la crisis, el sistema patriarcal, y cómo se trata a hombres y mujeres de la misma manera, surgieron como resultado de mirar mi historia personal. Gran parte se basa en lo que me ha pasado. Hay mucho de mi vida en ella.
¿Cómo llegaste a coproducir con Canadá?
Me mudé a Canadá cuando ya estaba preparando la película. Cuando me convertí en canadiense, la película ya estaba en proceso. Entonces trajimos a un productor canadiense, que se volvió el pegamento para unir todas las demás partes. Canadá tiene acuerdos de coproducción increíbles, y eso nos permitió traer talento de todo el mundo para trabajar en esta película. Creo que el núcleo es canadiense, y es una historia que solo podría contarse con una mirada canadiense.
Lea aquí el comentario de cine sobre “The Things You Kill”.







