Por Raúl A. Pinto
El “whodunit” sigue más vivo que nunca si la historia se cuenta bien. Confirmado queda con “Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery”, la tercera entrega de la saga creada, escrita y dirigida por Rian Johnson, que consagra el interés del cineasta por reinventar las historias de “quien fue” en estos filmes.

Estrenada mundialmente en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2025 (donde el público tuvo la única oportunidad de verla en pantalla grande) la cinta traslada la acción desde las mansiones de la primera entrega y las islas soleadas de la segunda hacia una atmósfera algo gótica, dominada por una parroquia en medio del estado boscoso de Nueva York.
La muerte que se investiga esta vez es la del carismático y aterrador monseñor Jefferson Wicks durante una ceremonia de Viernes Santo, con tantos testigos y tan lejos del sacerdote, que realmente parece un crimen imposible. El sospechoso instantáneo y principal es Jud Duplenticy, un joven párroco con un pasado violento como boxeador, que lleva poco tiempo en esa iglesia y cuya llegada a la parroquia desestabiliza un sistema social que lleva años corrompido por el fanatismo, el dinero y la ambición política, con Wicks como responsable de todo. Nadie lo ama, y no lo odian al 100%, pero lo compadecen por su turbulento pasado, y lo necesitan. Un abusador de aquellos.

De vuelta también viene Daniel Craig como Benoit Blanc, nuevamente rodeado por un elenco coral de alta categoría que incluye a Josh O’Connor, Glenn Close, Josh Brolin y Thomas Haden Church, en una producción que no rompe la identidad de la franquicia, pero la lleva a tonos más oscuros y reflexivos.
El guion, como las veces anteriores, se deleita en giros increíbles, muertes y resurrecciones dudosas y confesiones parciales, que construyen un rompecabezas donde entran la fe, la codicia y la redención, además de una mirada hacia los motivos que tenemos como seres humanos en nuestro “llamado”, sea cual sea.

Lo mejor de la película es el talentoso Josh O’Connor. Con una increíble y muy bien preparada interpretación, el actor irlandés se convierte en el verdadero eje emocional de la película, jugando de igual a igual con actorazos como Glenn Close y Jeffrey Wright. Su padre Jud es contenido, vulnerable y transparente, que no entiende ni tolera el desfile de personajes manipuladores y oportunistas que lo rodean, a pesar de amarlos y preocuparse por su bienestar. Craig, por su parte, vuelve a desplegar el encanto excéntrico de Benoit Blanc, esta vez más escéptico que nunca ante las estructuras religiosas que investiga, pero también abierto a aprender un poco. Gran trabajo también de Josh Brolin, como un antagonista tan desagradable como magnético, mientras que Glenn Close abraza el exceso de su personaje, que lleva la devoción al extremo. Su “señora de la iglesia” no es un personaje original, pero la genial Close simplemente decide imprimir su genialidad en los clichés, dándonos uno de sus mejores papeles. No todos los secundarios tienen el mismo peso dramático, pero actores como Kerry Washington, Jeremy Renner, Mila Kunis, Andrew Scott y Bridget Everett son tan buenos en lo que hacen, que el conjunto funciona muy bien. O muy mal, para los que viven en la historia que se cuenta.

Johnson dirige en su estilo preciso y juguetón, aprovechando al máximo la arquitectura de la iglesia y alrededores para reforzar la sensación de claustrofóbica y misteriosa. Tal como lo que hace Glenn Close, el director sabe que nada de esta historia es original ni jamás visto, por lo que decide enfocarse en diálogos, actuaciones, el misterio mismo y la parábola sobre la fe, usando la fotografía de Steve Yedlin en tonos oscuros, ceremoniales, y también otoñales y la música solemne de Nathan Johnson para subrayar la tensión sin imponerse. Esta es una película de misterio, y el misterio es lo suficientemente “misterioso”, la historia se cuenta muy bien, y nos quedamos con ganas de más, incluso de forma más intensa que las dos primeras entregas. Disponible en Netflix Canada.
Hace muy pocos días falleció, justo antes del estreno de esta encantadora película que comentamos hoy, “Sallywood”, la legendaria actriz Sally Kirkland, nominada al Oscar por la extraordinaria “Anna” en 1987 y tema central de este film.

Esta es una comedia de tono íntimo, escrita y dirigida por Xaque Gruber, y concebida a partir de su experiencia real como asistente personal y amigo de la actriz. La película fue rodada en 2021, y combina muy bien la recreación ficticia de la historia con material de archivo, construyendo un retrato modesto y deliberadamente personal de una intérprete como pocas.
En la trama seguimos a Zack, un joven escritor del estado de Maine, que se cambia a Los Ángeles persiguiendo el sueño creativo alimentado desde la infancia por las películas de Kirkland. Tras un encuentro semi-fortuito, Zack es contratado como su asistente personal, iniciando un relato de amistad, admiración y también de supervivencia creativa.

Lo primero destacable es el guion de Gruber, que se apoya en situaciones cotidianas y diálogos entretenidos basados en el deseo de reconocimiento constante, lo frágil que es el significado del prestigio y la interesante diferencia entre el tener fama y el tener una economía estable. Todo está contado desde una honestidad algo cursi, con un sazón de screwball comedy de los 40’s, pero termina siendo, al final, parte esencial de su encanto.

Sally Kirkland es el corazón de la película, no solo en la historia. Interpretándose a sí misma, no tiene problemas en entregar dureza, humor y vulnerabilidad con una naturalidad que no siempre vemos en actuaciones. Su presencia eclipsa una que otra inestabilidad en el tono del film, porque sabe, y aplica, una extensión de su propia historia con generosidad. Se destaca, después de ella, el interesante Tyler Steelman, como Zack, quien funciona como un observador empático más que como un protagonista, además de un gran elenco, con Eric Roberts como el agente, Jennifer Tilly como la madre de Zack y Keith Carradine como un cineasta cínico y creído. Aunque hay algunas interpretaciones un poco caricaturescas, la constante ida y venida con la cuarta pared le dan el toque de “fantasía” para el relato que se cuenta.
“Sallywood” tiene una ambientación semi-documental, reforzando su carácter autobiográfico. Mencionaba el uso de material de archivo y de testimonios presentados como entrevistas, que dan una nostalgia por décadas pasadas que filmes en el mainstream no siempre recuerdan bien, sin contar el obvio llamado a la injusticia de dejar sin trabajos a actrices cada vez que cumplen años que terminan en un cero.

Con el toque justo de reflexión sobre lo efímero, sueños que nunca acaban y la necesidad de amor, “Sallywood” nos muestra que el cine no detiene el tiempo, pero lo preserva por un instante al que podemos volver. Disponible en VOD.







