La tercera entrega de la saga creada por James Cameron llega bajo el nombre de “Avatar: Fire and Ash”, y se estrena después de un proceso de producción tan ambicioso como prolongado como las anteriores cintas. Co-escrita también por Cameron junto a Rick Jaffa y Amanda Silver, a partir de una historia desarrollada con Josh Friedman y Shane Salerno, la película fue rodada en paralelo con “The Way of Water” durante más de tres años en Nueva Zelanda. Y que podemos decir, pues esta no sólo es una las producciones más caras de la historia reciente del cine, con 350 millones de dólares en presupuesto, sino que también llegó rápidamente a los mil millones de dólares en la taquilla desde su estreno en navidad.

La historia retoma a Jake Sully y su familia poco después de asentarse con los Metkayina, todavía atravesados por el duelo por la muerte de su hijo, Neteyam. El guion expande el conflicto en Pandora, al presentar a una nueva tribu, los Mangkwan, también parte de los Na’vi, pero de naturaleza más violenta, que rechaza a la deidad Eywa y colabora con las fuerzas humanas de la RDA y sus siniestros planes. La separación de la familia, la transformación del humano Spider (hijo del malo que murió pero fue revivido) y la radicalización de Neytiri contra los humanos marcan un relato que vuelve estas cintas en un relato cada vez más coral. La urgencia ecológica persiste, y para ello necesitamos saber que pasa en todo el planeta. Cameron sabe muy bien como articular lo íntimo con lo épico (ya lo hacía en “Terminator” y en “Mentiras Verdaderas”), e incluso pareciéramos viajar un poco de vuelta a inicios de los 2000’s, sabiendo que un excelente enfrentamiento de gran escala entre humanos, indígenas de Pandora defendiendo su tierra y otros algo confundidos tomará lugar y hará que el dinero de nuestra entrada al cine valga la pena.

Igual con el elenco. El flemático Sam Worthington, la aguerrida Zoe Saldaña (flamante ganadora del Oscar), una excelente Sigourney Weaver como Kiri, y el 100% malvado Quaritch conocen sus lugares y su misión. Muy valiosa incorporación de la española-chilena Oona Chaplin (hija de Geraldine y nieta de Charlie Chaplin), como Varang, con la suficiente vulnerabilidad para ser amenazante y muy carismática, y la intervención siempre comprometida de Kate Winslet, Cliff Curtis y el reparto de jóvenes y adolescentes pasándolo bien con la tecnología de captura de movimientos.

“Fire and Ash”, por encima de todo, reafirma el control absoluto de Cameron sobre la puesta en escena de efectos visuales digitales. Si puede, véala en 3D, que trae una profundidad y una textura tal, que está muy cerca de la inmersión total.
Si, estamos de vuelta en territorio conocido, incluyendo el guión, cuyas tramas se vuelve un poco más alambicadas mientras nos ponen más personajes en la parrilla, pero no me digan que no entretiene. Al menos la energía de sus predecesoras se mantiene. Así que ahí tiene. Disponible en salas.

La directora tunecina Kaouther Ben Hania escribió y dirigió “The Voice of Hind Rajab” de forma directa, sin tapujos ni preámbulos. Como la llamada de emergencia que desencadena toda la trama. Pero estamos frente a uno de los episodios más dolorosos del genocidio de Palestina que comenzó en octubre del 2024, uno que jamás podrá ser olvidado para quienes lo recibimos en las noticias de la mañana. Para la cineasta, no hay tiempo que perder. Tampoco debería haberlo para nosotros como espectadores.
Este drama semidocumental, coproducido entre Túnez y Francia, hecho con urgencia pero dirigido con mucho cuidado es, también, una obra maestra.

La historia reconstruye lo ocurrido el 29 de enero de 2024, cuando Hind Rajab, una niña palestina de cinco años, quedó atrapada en un automóvil bajo el fuego en Gaza. El relato ocurre casi por completo desde el centro de operaciones de la Media Luna Roja en Palestina, y alternadas las voces de los actores con las grabaciones telefónicas reales entre Hind, los trabajadores humanitarios, su tío que vive en Alemania y su madre cerca del lugar del ataque. Mientras los operadores Omar, Rana y su supervisor, Mahdi, intentan localizarla y coordinar un rescate, nunca vemos la violencia, pero la oímos fuerte y clara, a través del terror en la voz de la niña y de los sonidos que la rodean. A pesar de ser una historia real, con un final real, el miedo y la esperanza se sienten en todo momento.
El excelente trabajo de los intérpretes Saja Kilani como Rana, Motaz Malhees como Omar, Amer Hlehel como Mahdi y Clara Khoury como Nisreen sostienen una tensión constante sin caer en el exceso. Ellos saben muy bien que lo actúan no solamente ocurrió, sino que no ha dejado de ocurrir. Los personajes son profesionales voluntarios, que intentan entre ellos mantener la calma mientras en la línea la voz de una pequeña lucha por sobrevivir. Y su voz… es la voz real, que los actores no intentan equiparar con “actuación”, sino la usan como una guía de sus propios sentimientos. Y en algún punto, el silencio de Hind duele y aterroriza igual que su voz.

Hay un epílogo, que no quiero arruinar, donde la voz se une a imágenes. Esto es el cine de sus inicios, de los Lumiere y sus trabajadores saliendo de la estación, o de las personas jugando cartas. Y como los espectadores de aquel 1896, también queremos salir corriendo cuando el tren se aproxima a nosotros. O a ella. Aquí no hay conversaciones políticas sobre un porqué. Hay una historia. Veála, porque la verdad es necesaria. Y verla le traerá, junto con todo, esperanza de poder actuar también en nuestra parte. Estrenada en Canadá por Mongrel Media. Disponible en salas.









