OTTAWA — El primer ministro Mark Carney reafirmó este martes la soberanía y la unidad de Canadá en sus primeras declaraciones públicas después de que el Parti Québécois regresara al poder en Quebec con un gobierno minoritario y renovara la posibilidad de un futuro referéndum sobre la independencia de la provincia.
Carney aseguró que su gobierno continuará trabajando con Quebec, pero utilizó deliberadamente el lenguaje de la soberanía para destacar la necesidad de fortalecer la independencia económica y política de Canadá en un momento de fuertes tensiones con Estados Unidos.
El primer ministro señaló que el país debe aprovechar sus fortalezas para ampliar sus relaciones comerciales y reducir vulnerabilidades externas. Al referirse a ese objetivo, aclaró que hablaba de “la soberanía de Canadá” y “la independencia de Canadá”, estableciendo una diferencia con el proyecto soberanista defendido por el Parti Québécois.
El PQ, encabezado por Paul St-Pierre Plamondon, ganó 59 de los 127 escaños de la Asamblea Nacional en las elecciones del lunes, cinco menos de los 64 necesarios para obtener una mayoría. El partido consiguió aproximadamente 28% del voto popular y regresará al gobierno por primera vez en más de una década.
El Partido Liberal de Quebec obtuvo 40 escaños y será la oposición oficial, mientras el Partido Conservador de Quebec consiguió 19 y Québec solidaire nueve. La Coalition Avenir Québec, que había gobernado la provincia durante ocho años, no logró conservar ningún escaño.
St-Pierre Plamondon mantiene su compromiso de celebrar un tercer referéndum sobre la independencia de Quebec durante su mandato, aunque ha dicho que no lo convocará mientras Donald Trump continúe como presidente de Estados Unidos. El líder del PQ sostiene que una decisión de esa magnitud requiere condiciones políticas y económicas que permitan un debate estable.
Carney, por su parte, evitó entrar directamente en una confrontación sobre un eventual referéndum. Dijo que Canadá y Quebec enfrentan desafíos más inmediatos, entre ellos los aranceles estadounidenses, la creación de empleos, la construcción de viviendas, la infraestructura y el crecimiento económico.
El primer ministro informó que conversó con St-Pierre Plamondon después de las elecciones y lo felicitó por su victoria. También manifestó su disposición a trabajar con el nuevo gobierno provincial mediante lo que describió como un “federalismo cooperativo”.
“Construir un Quebec más fuerte es fundamental para nuestra misión de construir un Canadá más fuerte”, había señalado Carney previamente al felicitar públicamente al premier designado.
Desde Ottawa, varios ministros federales también destacaron que la victoria electoral del Parti Québécois no debe interpretarse automáticamente como un mandato para separar a Quebec de Canadá. El ministro Joël Lightbound recordó que una elección provincial y un referéndum sobre independencia son procesos distintos.
Quebec ya ha celebrado dos consultas sobre soberanía. La primera, en 1980, fue rechazada ampliamente. La segunda, celebrada en 1995, produjo uno de los resultados más estrechos de la historia política canadiense, cuando 50.58% de los votantes optó por permanecer en Canadá.
Las encuestas recientes sitúan el respaldo a la independencia alrededor de 30%, aunque la llegada del PQ al gobierno vuelve a colocar la cuestión constitucional dentro del debate nacional.
El resultado electoral llega además en momentos delicados para la unidad canadiense. Alberta realizará el 19 de octubre una consulta no vinculante relacionada con la posibilidad de celebrar un referéndum sobre separación, mientras Ottawa continúa enfrentando una difícil relación comercial con Washington.
Por ahora, tanto Carney como St-Pierre Plamondon han señalado que están dispuestos a colaborar en asuntos económicos y sociales. Sin embargo, sus conceptos de soberanía apuntan en direcciones diferentes: el PQ mantiene como objetivo político un Quebec independiente, mientras el gobierno federal insiste en fortalecer la soberanía de Canadá como un país unido.









